El ocaso de la grieta (1)

La famosa “grieta” política existe? Si por “grieta” se entiende a no tolerar cualquier concepto que no coincida con lo que determinadas personas piensan, sí.

La “grieta” existe desde el nacimiento del peronismo, hace casi 80 años. Lo que se conoce como “anti peronismo” nunca tuvo demasiadas ocurrencias como para convertirse en un factor de poder en sí mismo. Es decir, nunca supo generar una mejor política como alternativa, sólo pugnaba para que el peronismo no existiera.

Lo cual es toda una definición, si se tienen en cuenta los cambios sociales, políticos y culturales que generó el justicialismo. Quemaron banderas, rompieron estatuas y prohibieron nombres (sin olvidar el macabro bombardeo a la Plaza de Mayo); la violencia político-militar, sólo complicó las cosas.

Esa grieta original intentó ser superada por Perón y Balbín a principios de los ‘70, cuando –también– la crisis de aquel momento era de tal magnitud, que requería del aporte de todos. La juventud de entonces, enfrascada en otro plan, ni registró aquel gesto.

La grieta versión del siglo XXI es una manera de hacer política a tono con los tiempos de redes sociales (y pese a los avances tecnológicos): brutal, primitiva, vacía de ideas y carente de cualquier posibilidad de contacto con el sector “enemigo”. Así de violenta la plantearon los dos principales exponentes de esta batalla inútil.

Inútil, porque los resultados están a la vista: ambos lados de la grieta fracasaron rotundamente a la hora de gobernar. Han desperdiciado oportunidades, y las siguen desperdiciando.

Pero parecen no escarmentar.

Después del tendal de deudas que dejó tras su desastrosa gestión en la Rosada (luego de haber ganado la elección intermedia, y con el “círculo rojo” de su lado), Mauricio Macri insiste en presentarse como precandidato presidencial.

¿Su entorno también sufre de miopía? ¿O quieren un final doloroso, pero rápido?

Rodríguez Larreta, Morales, Bullrich y otros precandidatos de su espacio, deben seguir riéndose, después del papelón que le hicieron hacer en Ituzaingó, cuando lo llevaron de “caminata” y los transeúntes no paraban de insultarlo.

Con la caída mediática de Macri, presagio de su ocaso político, desaparece uno de los dos protagonistas de la “grieta”.

Habrá que ver si  ese espacio partidario se quedará con slogans y encuestas, o encare un cambio serio: aporte su proyecto, explique cómo hará para mejorar la actual situación, proponga ideas y debates, y sobre todo: si querrá dialogar con TODOS los sectores… o si seguirá como hasta ahora.

Claudio Serrentino

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