PIBES DE FLORESTA. Un barrio con bronca, en un país desorientado

Aquel fin de año venía denso, caluroso, y espantosamente real. La gente tomó las calles y el caos repartía dosis de descontrol y muerte. Las fuerzas de seguridad no entendían qué pasaba pero por las dudas, reprimían. El neoliberalismo –es decir, grandes capitales concentrados que repartían dividendos entre muy poquitos- había tocado su techo: la democracia formal estaba perdiendo hasta su formalidad. En la semana de los cinco Presidentes, el Sábado 29 de Diciembre deambulaba, como casi todos los días, por Floresta. Había ido a cobrar avisos, y debí volver porque uno me había pagado con 50 Lecops que resultaron ser falsos. Entre idas y vueltas, se me fue la

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PIBES DE FLORESTA. Un barrio reclamando Justicia, en un país que no sabía para dónde ir

Aquel fin de año venía denso, caluroso, y espantosamente real. La gente tomó las calles y el caos repartía dosis de descontrol y muerte. Las fuerzas de seguridad no entendían qué pasaba pero por las dudas, reprimían. El neoliberalismo –es decir, grandes capitales concentrados que repartían dividendos entre muy poquitos- había tocado su techo: la democracia formal estaba perdiendo hasta su formalidad. En la semana de los cinco Presidentes, el Sábado 29 de Diciembre deambulaba, como casi todos los días, por Floresta. Había ido a cobrar avisos, y debí volver porque uno me había pagado con 50 Lecops que resultaron ser falsos. Entre idas y vueltas, se me fue la

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