CARLITOS BALÁ. La risa en estado puro

Carlitos Balá, el actor cuya única misión era sacarnos sonrisas, se fue de gira. 

Los que hacen memes, sin querer, lo habían anticipado: Mirtha iba a ganarles a todos. Y Carlitos Balá, que no estaba para esas crueldades, no entendió el «chiste» y se fue de gira.

Nos dejó infinitas frases y tics que siguen repitiendo los pibes de 80, 70, 60, 50 y aún, los más chicos, que lo copian de sus padres y abuelos.

De pibe lo miraba en sus películas de Canuto Cañete, y sus programas «Balabasadas» y «El Circus Show de Carlitos Balá». Su capacidad para ridiculizar una situación nunca dejó de asombrarme.

Sus personajes caricaturizaban situaciones de la vida cotidiana, como «Petronilo» («la Argentina te queda chica, precisás dos números más») u otro menos recordado: «Miserio», aquel que se la pasaba ahorrando en cualquier bobada. Visto desde hoy, parecía un ministro de economía: avaro, miserable, híper tacaño. Pero a diferencia de los funcionarios, que suelen provocar lágrimas, éste era gracioso.

Mi viejo contaba que de joven, se lo cruzaba en el 39: Carlitos subía y vendía cualquier bobada con total seriedad. El actor, devenido en vendedor, gozaba con la risa de los demás.

De chico pude ir a ver su programa al Canal 13 de Goar Mestre, en la época de oro de la televisión argentina: quedé deslumbrado por los colores (las pantallas, por entonces, se veían en blanco y negro), y por el «detrás de cámaras», la preparación de las escenas, Carlitos charlando distendido con colaboradores.

Pero las frutillas del postre llegaron casi al final de la grabación: ¡aparecieron Gaby, Fofó y Miliki! Los pibes, en la tribuna, delirábamos de alegría. Balá con los gallegos, era como ver a los Beatles con los Stones. Fue hermoso, uno de los recuerdos más lindos de mi infancia.

Luego vinieron las películas con Palito y Minguito, el chupetómetro, «mamá, cuándo los vamos» (frase que se la copió a una de sus hijas). En los ’90, la tele decidió prescindir de Balá, pero él no se quedó quieto: con su circo recorrió el país.

En el 2000, el amigo de un amigo consiguió el teléfono de Carlitos. Para su cumpleaños 75, en la radio, decidimos llamar al aire a ver qué pasaba: en el contestador, estaba su voz. Le dejé un mensaje diciéndole que queríamos saludarlo por su cumple, y entrevistarlo al aire. Terminé con un «eapepé», casi sin esperanzas de lograr el objetivo.

¡Y Carlitos llamó! Otro de mis momentos inolvidables. Contó su carrera, que se había iniciado en La Revista Dislocada, cuál fue el origen de los personajes, que había trabajado con Biondi y Sandrini (puede verse por You Tube), y cerramos la nota con la consabida pregunta «qué gusto tiene la sal». Esos señores grandes que ya éramos, contestamos con verborragia infantil, y a los gritos «¡saladoooo!».

Eso generaba Balá: la alegría infantil, inconsciente, la risa en estado puro, esa que no se puede reprimir. Un cachito de felicidad.

Gracias Carlitos, por tantas risas. ¡Buen viaje!

Claudio Serrentino

Fotos: facebook Carlitos Balá

 

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