
Acaba de iniciarse el ciclo lectivo 2025. Es una buena ocasión, para recordar cómo surgieron las escuelas en Versalles.
La primera escuela del barrio es la “Guillermo Hudson”, inaugurada en el 1929. Le siguió la Escuela N° 16, en la calle Lisboa 666, año 1937. Ya no está.
El barrio crecía y eran necesarios más establecimientos educativos, no alcanzaban las existentes. “Luz del Porvenir”, la primera Institución fundada en 1923, lucha por abrir más escuelas. En el mismo año, el 8 de septiembre, abrió la Escuela de Gallardo 521, hoy Escuela “Maipú”.
Alejandro Lértora, la autoridad máxima del Ferrocarril Oeste, que habían comprado la Estanzuela “La Paz”, le vende a la Municipalidad , dos manzanas para la construcción de la plaza. Este espacio fue entregado a la Dirección de Paseos de la Municipalidad. Hay numerosos expedientes, ordenanzas que surgieron para poder concretar la tan esperada Plaza. La misma se inauguró el 2 de mayo de 1930 y se llamó Plaza Versalles (hoy, Plaza “Ciudad de Banff”).
Volviendo a la historia de las escuelas , en los años 1932/3 la Sociedad de Fomento “Luz del Porvenir” realiza gestiones a la Municipalidad para que cediera al Consejo Nacional de Educación, una franja de terreno de la plaza, calle Bruselas, entre Lascano y Arregui a fin de construir dos escuelas, una para varones y otra para niñas. Esto no resultó nada fácil. Se convocó a funcionarios para que apoyaran el proyecto, pero pasaba el tiempo y no avanzaban. Todo cambió cuando se sumó el Padre Julio Meinvielle, que con su acción se logró concretar el tan ansiado proyecto.
El 16 de octubre de 1932, un grupo de vecinos se reunió a las 5 de la tarde en Arregui y Roma, y organizaron una “Junta Pro- Escuela” presidida por el Sr. Ernesto Arana. El 20 de octubre a las 13, partieron al Consejo Nacional de Educación (Edificio Pizurno) en siete bañaderas portando carteles: “Una Escuela reclaman en Versalles. 800 niños en edad escolar. Ayúdenos a combatir el analfabetismo”. Fueron recibidos en el despacho, por el Secretario Rómulo Zabala y el Insp. General F. Julio Picarel, quien les informó que el censo último, había dado que 3.500 niños requerían escuelas. Esta fecha quedó recordada en la Asociación Cooperadora de la Kennedy, que se la denominó 20 de octubre de 1932.
Así surgió la ordenanza N° 4.524. En el Diario “La Prensa” del 15 de junio de 1940, titulaba “SE CONSTRUIRÁN DOS EDIFICIOS ESCOLARES”… dicho terreno mide 137 metros de frente por 34, 50 de fondo….en el terreno cedido por la Municipalidad… cada edificio tendrá capacidad para 700 alumnos en los dos turnos… el presupuesto oficial de estos dos edificios asciende a 400.000 pesos”. Se licitan las obras en 1940 y dos años después, empiezan su construcción. Todo se dio muy rápido. El 22 de julio de 1943, inician las clases en ambas escuelas.
ESCUELA “ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA”
Una escuela era solamente para varones. En las escuelas, los varones sólo podían cursar hasta 3° grado. El Director organizador fue el señor Raúl Juan Peña, que el Consejo lo convocaba cuando se abrían nuevas escuelas. Su primer Director Titular fue el Dr. Alfredo Inocencio Rossi. Era médico especialista en garganta, y operaba a los alumnos cuando lo necesitaban. El vice Director era Mariano Alberto Durand. Cuando se inician las clases, comienza con 280 alumnos de 1° a 6° grado.
En su momento, me ayudó para completar los datos “Paisano Etchepare”, alumno en 1944 y fundador de la Asociación de ex alumnos (1949), maestro suplente en 6° grado (1954/1960), maestro titular (1961), Vice en 1963. Luego va a otra escuela a ejercer su cargo, y retorna como Director Titular en 1976. Etchepare tenía tantos recuerdos de la Escuela, que es difícil retener todos. Fue una institución en la Escuela y en el Barrio.
A la Escuela se le hace la imposición del nombre Estados Unidos, y el acto se realiza el día anterior, el 3 de julio de 1944, con la presencia de importantes autoridades: Ataliva Herrera, Inspector General; Athos Palma, músico de nota y el Embajador de Estados Unidos, Sr. Braden.
Los alumnos aprendieron por fonética el Himno en inglés, y lo cantaron frente al embajador. Este dijo: “mi alegría es escuchar el Himno de mi Patria en la voz de los niños argentinos”. A los pocos días, el coro cantó en Radio Nacional el Himno Argentino y el de Estados Unidos. Para el Día de las Américas del 14 de abril de 1945, se pensó en hacer un acto en Plaza de las Américas, hoy Plaza de la Republica, donde está el Obelisco, y los escudos de todos los países Americanos; pero la muerte del Presidente Roosevelt el día anterior, impidió el acto. Contaba Etchepare: “mi mamá nos compró zapatos, delantales, blazers en Gath y Chaves para esa ocasión”.
Todos los años se hacia el acto, y en varias ocasiones vino el Embajador o el Cónsul, todo dependía cómo estaban nuestras relaciones diplomáticas. En épocas del presidente Perón, éstas fueron conflictivas. Hubo un americano filántropo, Presidente de la Sociedad Interamericana en el Río de la Plata, que enviaba a los alumnos, para el día del acto, bolsitas de Gath y Chaves con caramelos y un chupetín; y para los maestros ,una caja de madera con bombones.
La Asociación Cooperadora comienza en el año 1944. Nace con 74 miembros, entre padres y tutores de alumnos con la Escuela; se denominó 4 de julio de 1776 y su primer presidente fue el Sr. Carlos Ferrari Thompson, era militar y vivía en Caranday al 800. Lo recuerdo con su familia. Años después, a partir de la Asamblea Ordinaria Anual del 20 de abril de 1985, pasa a denominarse “Asociación Cooperadora por Nuestros Hijos”.
El señor Oscar Brendanas, un vecino y amigo que ya no está entre nosotros, me contó que una tía que vivía en Missouri, E.E.U.U., contaba en una carta enviada a su padre, que había participado en una colecta para la construcción de una escuela en Argentina, que la casualidad hizo que fue la construida en nuestro Barrio.
José Rodolfo Milio, me contó en el año 2004; “la Escuela era muy moderna, tenía calefacción central y buenas comodidades. Comencé en 1945. Mi mamá me acompañó hasta 3° grado. Mis maestros eran maravillosos, siempre estaban bien vestidos, no faltaban nunca y nosotros no perdíamos un día de clase. El Director Rossi era un ser especial, muy respetado, a veces venía a observar la clase. Cuando se asomaba al patio, se producía un silencio, todo el mundo se callaba, padres, alumnos y maestros… Las madres no iban a reclamar la nota de sus hijos; al que se portaba mal, se lo expulsaba. Los recreos de los varones no coincidían con el de las niñas de la Escuela del al lado. Cuando se conmemoró el centenario del fallecimiento del General San Martín, llevamos una palma de flores a la Catedral, donde se encuentran sus restos. Cuando la escuela cumplio 50 años ubiqué a mi maestra Ana María Gilardi, quien muy emocionada recibió una medalla. Y también encontré al maestro de 6° grado Enzio Borzone…”
La Escuela Estados Unidos inauguró el Laboratorio de Ciencias (1981), Biblioteca (1985), Sala de Computación (1986), etc etc. Tenía un timbre, que cuando sonaba el portero sabía que aula lo llamaba, etc.
ESCUELA “JOHN F. KENNEDY”
La otra escuela, recibía a las alumnas niñas. Con el tiempo pasó a denominarse “John F. Kennedy”.
Hay testimonios de sus alumnas. Aída Felicidad Vega: entró en 1° inferior en el año 1944. “Yo vivía muy cerquita.en el Pje. El Ferrocarril, recuerdo a mi primera maestra Ema y la de Superior Ofelia C. de Cuomo. La srta. Ema nos hacía parar por cada una que entraba en el aula, nos educaba para ser personas, a saludar a la portera, ella nos enseñaba que todos éramos iguales; una vez la encontré en el colectivo y se me caían las lágrimas de la emoción, antes no me daba cuenta, cuánto yo admiraba la serenidad que ella tenía. Era una escuela diferente a las otras, yo la vi construir. Recuerdo mi primer día de clases, fue lluvioso, destemplado, sentí mucha tristeza cuando terminé la Escuela, fue muy duro para mÍ. Julia Bustos era la Directora y poeta, me regaló un libro que aún conservo “En el país de los niños buenos”, y me lo dedicó. No tengo fotos porque en ese tiempo no teníamos cámara. En Peralta y Arregui tomaba el colectivo 68 que me llevaba a Chacarita- Retiro, iba sola a estudiar a la Cultural Inglesa. El Trencito lo usaba para ir al secundario.
La maestra Elva Rosa Güemes de Mellare llegó a la Escuela cumpliendo una suplencia de 1° inferior, un grado difícil porque en esa época no existía el jardín, los chicos lloraban mucho, alejarse de la mamá. Tuve a la directora, la Sra. Acuña; ella me enseñó a ser docente, yo recién empezaba, era muy buena pero muy exigente. Además tuve unos padres maravillosos que querían mucho a la Escuela y colaboraban, esto me facilitó las tareas. También mis compañeras eran muy buenas, a los 2 años quedé titular. Fui delegada de la cooperadora, trabajé 22 años y me jubilé en 1994. Mis hijos iban a la Estados Unidos, cuando todavía no era mixta. No tengo malos recuerdos de la Escuela, yo quería mucho a mis alumnos, pero era exigente- Cuando había que jugar, jugaba, pero cuando había que cumplir la tarea, había que hacerla. Recuerdo al Director Otamendi, inspiraba respeto, también era amigable. No le teníamos ese recelo de autoridad. Fue una época de oro, la maestra era un ejemplo, iban bien arreglada, prolija, los chicos también. Adoro a la Escuela Kennedy, pasé años muy felices”.
En 2004, el Director Andrés Rodríguez se prestó muy amablemente a hablar: “soy director hace 15 años, lo obtuve por consenso en el año 1990. Soy vecino de Villa Luro, conozco bien el barrio. A la Escuela la siento como propia, por la parte emotiva y por el cariño que le tengo. Aquí hay parte de mi vida. El comienzo no fue fácil, porque es difícil encarar los cambios que uno cree necesario hacer, y se debe enfrentar, con la resistencia que esto provoca. La jubilación a veces es sabia, porque a los docentes mayores les cuesta aceptar esos cambios y adaptarse a la realidad, permitir que todo tipo de realidad entre a la Escuela. Aquí se enseña computación desde 1980. El 50 % de los alumnos son de Versalles. Algunos llegan en remises o en micro escolar. Aquí se trabaja el tema del barrio. la ciudad, la Argentina, y se ubica al niño dónde vive. La jornada es simple, turno mañana y tarde. La escuela es reconcida, las madres, las abuelas quieren que sus hijas también se eduquen aquí. Mamá y papá coinciden de mantener y respetar determinadas normas, incluso están de acuerdo con ellas, por ejemplo no pintarse las uñas de rojo, ni teñirse el pelo de colores ¿hasta cuanto poner límites? Aquí cada grado decide la Constitución qué regirá para ellos, es una norma escrita que hay que aceptar y cumplir, es una disciplina para cada grado, así se van acostumbrando a la normas. La Constitución determina deberes y derechos que el chico debe empezar a respetar, y el grado es un buen lugar para comenzar con ello. Yo estoy muy contento con los alumnos de la Escuela. Hay que conocerlos, trabajar con ellos. Yo tengo casi 40 años de docencia, eso da experiencia. Insisto, trabajamos con el acuerdo del cada docente y padres…”.
JARDIN DE INFANTES
“EL TRENCITO DE VERALLES”
A estas dos escuelas le faltaba un Jardín de Infantes. Con el tiempo llegó. Es una linda historia, que por razones de espacio no se puede desarrollar en esta ocasión. Por suerte y por votación, tomó el nombre de “El Trencito de Versalles”.
Según la Resolución N° 113/1999 publicada en el Boletín Oficial de la Ciudad de Bs. As., “Denominase ‘El Trencito de Versalles’ al jardín de Infantes Común N°2 del Distrito Escolar 18. Bruselas 721”.
El viernes 19 de noviembre de 1999, se festejó la imposición del nombre “El Trencito de Versalles”.
Que lindo es recordar cómo se pensaba antes, qué respeto había con los maestros, con las autoridades. Es bueno evocar a la Escuela a través de los alumnos, los maestros y el director.
Lamentablemente todo fue cambiando.
Esto también me lleva a recordar a mi Escuelita de Gallardo 521, a mis maestras, las profesoras de música, la de bordados. Siempre guardamos en el corazón, los años escolares. Son imborrables y afloran cuando se la nombra. FELICES DIAS DE CLASES A TODOS CHICOS, APROVECHEN LAS ENSEÑANZAS QUE SON PARA TODA LA VIDA. QUIZÁS HOY NO LO ENTIENDAN ASÍ, ES UNA BUENA ENSEÑANZA, UNA BUENA EDUCACIÓN PARA TODA LA VIDA.
Susana Boragno
Fotos: Archivo Susana Boragno