MADRES DEL DOLOR. Lucha con Amor

Ellas perdieron lo más preciado que tenían: sus hijos. Pero no se dejaron llevar por la tristeza: eligieron luchar por justicia y un mundo mejor, sin violencia, con amor. En la semana de las Madres, homenaje a las Madres del Dolor.

 

DURANTE la última dictadura militar, mientras el terror acosaba, hubo un grupo de mujeres que se animaron a enfrentar a los bárbaros: las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo tuvieron el coraje de pedir por sus hijos y nietos, cuando nadie se animaba a enfrentar a unos delincuentes de gorra que no le rendían cuentas a nadie por las barbaridades que hacían…

El tiempo pasó, volvió la democracia, y muchos de aquellos genocidas fueron juzgados y condenados.

Sinceramente, creí que “Nunca más” sería necesario que otras madres se juntaran, para luchar contra la injusticia.

Y sin embargo… Ahí están. Después del acontecimiento más terrible que pueda sufrir una mamá -la pérdida de un hijo-, después de muuuchas lágrimas, y preguntar por qué, y no entender, y seguir llorando, y desgarrarse por dentro… Desde lo alto de esta página, ellas nos regalan una sonrisa esperanzada. Justo ellas, después de vivir lo que vivieron, y de las injusticias que deben seguir soportando…

Por estos días, se las puede ver y escuchar en spots televisivos y radiales, acompañadas por Georgina Barbarossa, una “mujer del dolor”: su marido fue asesinado en un intento de robo, en 2001.

Las fotos de los chicos y chicas que ya no están, produce una angustia  inevitable. Verlos sonreír, o con una mueca pícara, o con mirada cómplice, generan lágrimas. No puedo dejar de pensar que algunos de estos hijos, pudo haber sido alguno de los míos.

La mayoría de los casos de los “Hijos del Dolor” se hicieron públicos: los más conocidos para los vecinos de esta zona, son los de los “Pibes de Floresta”: Adrián Matassa, Cristian Gómez y Maximiliano Tasca. Sus caras se convirtieron en íconos, en banderas que reclamaron justicia.

Pero no todos los casos tuvieron castigo: el triple asesino de Floresta fue fue condenado a prisión perpetua en un proceso judicial rápido (duró un año en su primera instancia), pero ahora goza de arresto domiciliario.

La mayoría de las “Madres del Dolor” sufren la injusticia de la Justicia: en el caso de Marcela Iglesias, la nena que murió porque una estatua se le cayó encima en el “Paseo de la Infanta”, nadie fue condenado. Después de 11 años, siguen buscando al asesino de Lucila Yaconis. A Kevin Sedano lo atropelló, abandonó y mató Eduardo Sukiassian, quien está libre y conduciendo. Daniel Sosa fue asesinado por el ex policía Ramón Aníbal Olivera, cuando éste le quiso robar el auto a Daniel. En abril de 2004, Olivera fue condenado a 18 años de prisión, pero se dio a la fuga. Christian Schaerer fue secuestrado en 2003: hay 25 detenidos en Argentina, Paraguay, y Uruguay, y 10 procesados. 10 años después del hecho, no hay fecha para el juicio oral. Y así…

Tener a un hijo en una tumba debe ser tan pero tan doloroso… Es muy posible que ese dolor se profundice y se convierta en indignación, al comprobar los vericuetos que encuentran los leguleyos para lograr que asesinos y ladrones queden en libertad.

Y ahí, en medio de ese desamparo jurídico-institucional, es donde nace el ejemplo de estas Madres Coraje, que acuden todos los días a consolar a  otras madres, a las que lamentablemente, también les toca sufrir ese dolor inmenso, e iniciar un incierto camino por los Tribunales, en busca de respuestas que, a veces, no llegan.

 

Las Madres del Dolor. Una mirada esperanzadora, pese a las injusticias...

Las Madres del Dolor. Una mirada esperanzadora, pese a las injusticias…

 

Estas señoras, que bien podrían haberse abandonado, y quedarse en su casa llorando por el hijo muerto, sin que otra cosa importe más que el llanto, decidieron que no, que iban a ser más útiles acompañando a otros en el momento más dramático; aportando su experiencia en cuestiones que de-bieron vivir en carne viva, como asesinatos y violaciones. Están presentes cuando casi nadie está, y eso es muy valioso.

Cada vez que me cruzo con Silvia, o con Elvira (Madres del Dolor y Vecinas de Floresta), pienso por cuántas pavadas suelo hacerme problemas, cuántas estupideces toman volúmenes gigantescos, hasta parecer cuestiones importantes. Verlas, palpar su realidad, me ubica en el justo lugar.

Gracias, Madres del Dolor, por este ejemplo, tan necesario para una sociedad desorientada (de tan golpeada) como la nuestra.

 

Por Claudio Serrentino
Foto: Madres del Dolor.