PASO 2017. Fin de una penosa campaña electoral

Casi todos miramos para otro lado, cambiamos de canal, y si no podemos, buscamos algo que nos distraiga. Es el fatídico momento del “espacio cedido gratuitamente para los partidos políticos”, ése que el Congreso se regaló a sí mismo y del que debe disfrutar a escondidas.

Qué castigo… Además de padecer el ser pobre, de ser inquilino, de no tener trabajo, de ser jubilado y cobrar la mínima, de ser docente, de tener una pyme y no saber cómo hacer para mantenerla… Hay que bancarse a estos tipos.

Con esas sonrisas que casi siempre parecen falsas -aunque en algún caso no lo sea- intentando parecer uno de los nuestros; prometiendo quién sabe qué soluciones.

No se entiende por qué se ven en la obligación de prometer: las PASO son para definir candidaturas, o sea, una interna, o sea: NADA, porque casi todos decidieron a los precandidatos con el dedo. Y con el dedo, también, definieron que haya lista única.

No les importó que ellos mismos hayan impulsado esta forma “simultánea, obligatoria y abierta” de elegir a los candidatos. No les importa hacer spots exagerados, pedorros, sin sentido. Y lo peor: no les preocupa derrochar la plata en una elección que sólo les importa a ellos.

No les importa que los partidos políticos sean un “sello de goma” más, y no el lugar dinámico donde los ciudadanos pudieran debatir ideas para que todos podamos vivir mejor. No sólo ellos.

Porque Argentina se ha convertido, lamentablemente, en un territorio donde “ellos” son los elegidos, los bendecidos por el sistema democrático: nuestros “representantes”. Y nosotros… somos nosotros: los supuestamente “representados”, que tenemos voto pero no voz. La democracia no nos beneficia. Y si lo hace, es a cuentagotas.

Ellos simulan parecerse a nosotros por un ratito, lo que dura esta campaña electoral. Después, se quitan la careta y se les ve el verdadero rostro: tipos y tipas que hace años viven del Estado, gracias a que un día estuvieron con fulano, otro día se acomodaron con mengano, y poco después se arrimaron a zutano.

Simulan parecerse, pero hacen lo posible para no ser como nosotros: no utilizan las escuelas, los hospitales y el transporte público. Nunca viven cerca, tienen prepaga. Y coche con chofer y custodia, por supuesto.

Viven de “representarnos”, pero -curiosamente, o no tanto, ahora que lo pienso- no les interesa en lo más mínimo cumplir con ese rol. Con el título, les alcanza.

En más de tres décadas de democracia, estas PASO porteñas son mis primeras elecciones en las que perdí todo atisbo de expectativa, siquiera de curiosidad por ver qué hacen unos y otros.

Este medio, por primera vez en su historia, no publicó las listas de precandidatos. Y también, desistió de cubrir los actos en la zona.

Es tan burda su actuación, es tan patético su rol de “necesito tu voto para poder seguir adentro de esta corporación”, que da vergüenza ajena.

Pero lamentablemente, habrá que cumplir con la obligación de votar. De que éstos se salgan otra vez con la suya, a costa de todos.

Los electores mayores de 18 y menores de 70 que no se presenten a votar este domingo 13 de agosto y no justifiquen ante la justicia nacional electoral (dentro de los 60 días de desarrolladas las elecciones) la ausencia en el proceso, deberán abonar una multa de $ 50 a $ 500.

De no ser pagada la multa, los infractores serán sancionados con la imposibilidad de realizar gestiones o trámites ante los organismos estatales nacionales, provinciales o municipales durante un año.

Quienes no voten en las PASO podrán igualmente a cumplir con su obligación en las elecciones generales de octubre. Si vuelven a faltar, deberán pagar otra multa de 100 pesos.

La ilustración que difundió el hijo de Moyano viene bien para ilustrar esta nota, o sea: cuál es la finalidad de estos precandidatos. Así que les sugeriría que se ahorren hacer algún tipo de relacionamiento partidario entre ese señor, y quien esto escribe.

Claudio Serrentino

Imagen: Twitter Hugo Omar Moyano

 

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