Mientras desde la Organización Mundial de la Salud se procura concientizar globalmente a través del Día Mundial de la Prevención del Suicidio (10 de Septiembre), en una sala teatral de Buenos Aires, «Filipo» plantea la problemática del suicidio joven. Y sobre todo, la crueldad de los medios de comunicación a la hora de cosechar rating.

La OMS asegura que cada año, en el mundo, se suicidan casi un millón de personas. Lo que implica una muerte cada 40 segundos. En las últimas décadas, las tasas de suicidio aumentaron el 60%. Tristemente, el suicidio es la segunda causa de muerte entre chicos y jóvenes de entre 10 y 24 años.

Cuando explotó la burbuja inmobiliaria, en España había más de 500 desahucios por día. Esto es: cuando el aspirante a propietario dejaba de pagar el crédito, el banco le quitaba la casa. Pero no conforme con eso, lo obligaba a seguir pagando la cuota. Y si no conseguía cobrar, iba por la propiedad de algún familiar.

Toda esa gente sufrió y sufrió por haber querido convertir en realidad el sueño de la casa propia.

Algunos pudieron recomponerse. Muchos otros, se suicidaron. No debe ser casualidad que no haya cifras oficiales sobre los desahuciados; ni tampoco, sobre los suicidados a causa del desahucio.

Carlota Berzal, española que hace un tiempo vive en Buenos Aires, cuenta que estaba indignada por la cobertura que hacían los medios sobre la ola de suicidios que generaron los «desahucios».

La crueldad de mostrar a la gente como números, ignorando sus historias, su futuro, su imposibilidad de salir de esa terrible encrucijada, llevó a Carlota a escribir «Filipo».

La obra, por momentos, es un show televisivo donde el conductor (Raúl  Jiménez) exhibe groseramente su morbo por conseguir rating a toda costa. Aún, si debe transmitir «en vivo y en directo» el suicidio del protagonista.

Las actuaciones son muy parejas, la obra sale muy aceitada. Filipo, el protagonista (Federico Tarántola) no sólo debe soportar la maldad del conductor televisivo. Antes, y sobre todo, la bestialidad de su madre. La actriz Paula Flaks brilla como esa señora que no puede con su cuerpo, pero se las ingenia para humillar a su hijo.

Las bailarinas  (Agustina Cáceres y Micaela Shinka) se turnan para convertirse en secretarias televisivas -casi objetos- y luego, directamente, se vuelven objetos: mesas y barras. A veces, son  duendes que giran alrededor de los personajes.

La obra es irónica, cruda y dura; incluye momentos de destreza aeróbica, video clips y music hall.

Lamentablemente, fue la única función de «Filipo» en Buenos Aires. Ocurrió en el marco del Festival del Arte Trabajador, en la muy linda sala del Auditorio APSEE, de Moreno 225.

Es interesante la propuesta del Festival: varios sindicatos brindan sus sedes, en Buenos Aires y el Conurbano, para que estos espectáculos puedan subir a escena, accesible para todos, con entrada a la gorra.

La propuesta es durante todo Septiembre.

La cartelera completa puede consultarse en el sitio www.radardelostrabajadores.com.

Claudio Serrentino

Foto: Prensa «Filipo»