Verbitsky, Ginés y los «amigos» del poder

La noticia del vacunatorio vip fue una dosis de veneno colectiva, que la sociedad argentina recibió sin anestesia.

Viernes al mediodía. Mientras almuerzo, prendo la tele. El presidente Alberto habla de moral y de ética, en la creación del Consejo Económico y Social, apuesta fuerte del gobierno para recuperar la iniciativa.

Unas horas antes, en un programa de radio por internet, Horacio Verbitsky relataba cómo había podido vacunarse en el Ministerio de Salud, gracias a su «amigo» el ministro Ginés González García

Sin querer, o queriendo -quién sabe para dónde apuntó el «perro»- se desató un tsunami, una ola gigantesca que revolvió la estructura misma del gobierno nacional.

Por esas horas, el gobierno porteño abría la inscripción para vacunar a los mayores de 80. El sistema, como era de esperar, colapsó rápidamente y dejó sin chance a miles de personas que buscaban anotarse, y no podían. Se pasaron horas frente a la pc, el celular o la tablet. 

Casi simultáneamente, el gobernador de la provincia Axel Kiciloff anunciaba que ya había vacunado a más de 90.000 personas.

Así, algo que desde el Frente de Todos se buscaba casi con desesperación -ganarle una pulseada a Larreta- pasó desapercibido: mientras en provincia llaman a las personas para darles turno, en capital no pueden comunicarse para conseguir turno.

La política, como siempre, todo lo embarra, todo lo complica. No importa el color partidario o las ideas que se pregonen.

«Si un ceo de ‘Clarín’ se quiere vacunar -pero no con la rusa-, que venga, después podremos negociar. Si un empresario marplatense dueño de un diario busca inmunizarse, podemos ayudarlo, algún favor nos hará después. Si un diputado que se la pasa hablando maravillas del Papa Francisco, pero sin dudarlo salta todas las vallas y se cuela para poner el brazo, está todo bien. ¿Llamó el ‘perro’? Dale turno. ¿Sabés cuánto hace que lo conozco?»

Si el ilegal es «amigo», entonces ya no es ilegal. Escuché a periodistas que creía serios, intentar defender a Verbitsky con argumentos insólitos: «hubo mucha gente con covid en su entorno, debió tener miedo» (!!!). 

Así de ridícula, también, fue la fallida justificación de Hugo Moyano: «soy el presidente de la obra social» (!!!), tratando de colarse entre el personal de salud.

Realmente, no lo esperaba de una persona como Ginés, cuya trayectoria y sus políticas sanitaristas propiciaron interesantes avances en la salud pública. Político al fin, no pudo escapar del nocivo tráfico de influencias.

Lo cierto es que semejante campaña de vacunación, esperada con desesperación por el pueblo argentino, tiene hijos y entenados.

Pese a lo que dice el periodista oficialista Mario Wainfeld en Página/12, que «existe un registro único en el que constan los nombres de las personas vacunadas(…) de sencillo acceso». No existe ninguna lista oficial de vacunados, que debería ser pública, porque todos los actos de gobierno son públicos.

Los casos se multiplican por todo el país: funcionarios y sus hijos, esposas, sobrinos, allegados, amantes… amigos todos, en fin, se ponen de prepo en la fila y no dudan en mandar al retrete todo lo dicho hasta el momento.

«Defender a los que menos tienen», «justicia social», «derechos humanos», terminan siendo frases de ocasión, en las que los vacunados vip -y quienes los autorizaron a poner el brazo- nunca creyeron realmente.

Los que tienen un discurso y no lo acompañan con acciones acordes, ensucian a todo el resto, a aquellos que de verdad quieren servir a la comunidad desde su lugar de funcionario público.

Claudio Serrentino

Foto: diario Perfil

 

 

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