VILLA REAL. La batalla por las palmeras

La palmera, en la plaza Villa Real.

Luis Spadafora es un testigo vital de los cambios que sufrió el barrio. Él vió cuando demolieron el edificio de la vieja estación Villa Real, y cuando empezaron a construir un barrio privado en ese mismo terreno. Luis contó en el programa «La bocina de mi barrio» cómo fue una lucha singular, que unió la defensa del entorno y el medio ambiente: la batalla por las palmeras.

«Cuando empezaron a hacer la manzana, le pusieron Manzana de Versalles: ahí ya nos enojamos, porque Manzana de Versalles en Villa Real no quedaba pero, qué pasa, comercialmente a la empresa que lo construyó le convenía más decir Versalles que Villa Real… Cuando empezaron las obras y las palmeras estaban ahí, y ya se había demolido la vieja estación, una de las cosas que hicimos fue ir a hablar con el arquitecto que tenía a cargo y decirle: por favor las palmeras no las toquen, porque acá hay vecinos que afirman que tienen más de 100 años esas palmeras. Entonces dicen: no, no, no hay problema, entonces nos quedamos tranquilos porque las palmeras se iban a quedar.

Un día, yo estaba construyendo el museo, y veo que unos obreros iban a cortar las palmeras. Cuando ví eso, me crucé enfrente, hablé con el arquitecto, lo llamo y le digo: escúcheme, usted dijo que esto no. No pero ¿sabe qué pasa?, que tengo que entregar la unidad, y el que compró la unidad no quiere tener la palmera. Dice: por favor, paren porque no es así. No, no. Ustedes paren, le respondí, me puse guapo. Enseguida me crucé para la plaza, y mirá lo que es la vida, había una maestra con unos alumnos plantando unos arbolitos. Entonces, junté a toda la gente que pude, y les digo: vamos todos, hicimos una especie de piquete, la maestra con los chicos, a rodear las palmeras.

Había llamado a Crónica TV, que vino y puso una cámara arriba, que todavía el museo no tenía las dos plantas, hablé al aire y denuncié que querían sacar las palmeras. Cuando vieron que los escrachábamos. que lo mostramos por TV.

El lunes, cuando llego a mi fábrica, mi secretaria me dice: hay un señor Sanchesini que lo llamó como tres veces… Hablo, y me dice: Escúcheme, no me puede parar la obra, tengo que entregar esa unidad y el que la compró no quiere la palmera. Le digo: Bueno, antes de que ustedes empezaran con la obra, estábamos de acuerdo que la íbamos a traspasar a la plaza, porque ya la considerábamos plaza, era un terreno baldío, todavía no era lo que es hoy.

Entonces me dice: no, no, nosotros ya consultamos y las palmeras se van a secar si las trasplantan.  Le digo: mire ingeniero, nosotros también hicimos una consulta con Furman y también con Ianamoto (que es el que hizo el traspaso de las palmeras de la General Paz) y ellos vinieron y me dijeron que mientras que no la pongamos al revés, tienen posibilidad de sobrevivir. Me responde que eso sale mucho dinero. Ah, le digo, ah bueno, si estamos hablando de dinero no hay problema, lo vamos a resolver. Y dice: cómo lo vamos a resolver. Bueno, nosotros vamos a hacer rifas, vamos a hacer festivales.

Cuando le dije así, lo puse contra las cuerdas. Le digo: mire, vamos a hacer lo siguiente. Ustedes tienen una grúa ahí, y yo consigo un camión, porque si llamamos a espacio público olvidate, plantar un arbolito era un problema. Entonces lo hicimos sin permiso municipal ni nada. Pusimos algo de dinero y a la empresa le digo: ustedes háganse cargo de la otra parte. Y dice: Bueno, está bien, nosotros nos vamos a hacer cargo de poner las grúas, y en aquel momento eran $ 6.000 (=U$S 6.000).

Nosotros habíamos hablado con la gente que iba a venir, porque no era fácil, había que sacar las raíces enteras, las raíces de las palmeras son difíciles. Hicieron un pozo. Voy a ver a Pedro, que era un vecino mío. que tenía palas, y le digo: mirá, vamos a la plaza y la marcamos nosotros, nosotros le marcamos dónde poníamos las dos palmeras, y Pedro vino con su máquina y dijo: páguenme el gasoil. Hizo el pozo donde la íbamos a poner, y después le fuimos a hablar a un camionero de Tinogasta: le pagamos también, y con la grúa fuimos traspasando las palmeras y las pusimos en posición.

Había un señor al que le habíamos pagado los $6.000, no me acuerdo el nombre, un tipo fenómeno que era de la empresa, que se encargó de hacer el socavado de las palmeras para sacarlas: sufrimos, porque cuando la grúa la agarró se flameaba, pensamos que en cualquier momento se partían. La pusimos en la misma posición marcando el sol, o sea, hicimos una línea para que se traspasara los 100 metros, pero que quedaran en la misma posición que tuvieron toda la vida con respecto a recibir el sol.

Lamentablemente, ese día sábado ya habían empezado a tocar la palmera: una se murió,  y la otra sigue estando ahí en el barrio, donde está el monolito que se hizo para los chicos que fallecieron.

Habían pasado unos años, y con los autos del museo vamos a exhibiciones y corremos mostrando nuestros autos; se hizo una entrega de premios en el Automóvil Club Argentino y yo había salido 5°, y me anuncian por el micrófono.

Agarro la copita y voy de vuelta para mi grupo; y viene uno, me agarra y me dice: así que vos sos Spadafora… me costaste como $10.000. Era el dueño de la empresa Sanchesini. Entonces lo invité a que venga a ver cómo quedaron las palmeras… No te imaginás la bronca del tipo. Pero después vino a ver la palmera. Y ahí nos dimos la mano».

Entrevista: Luis Alberto Serres

Foto: La Bocina 

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