Defender la democracia, para ejercer la democracia

La conmoción que genera el video es instantánea: el arma que se asoma, el acto reflejo de Cristina de cubrirse, el alivio al ver que el disparo no sale.  ¿Qué hubiera pasado si el arma se disparaba…? Mejor ni pensarlo.  Fueron poquísimos segundos, entre la acción del atacante y la reacción de la vicepresidenta. Segundos que hubieran modificado la historia. Y, ¿la verdad? Me tienen podrido con las eternas discusiones sobre la política, que casi nunca traen soluciones, pero prefiero seguir escuchando ese conventillo, a enfrentarme con el fantasma de un magnicidio. Y sus impredecibles consecuencias. Dicen que el fallido magnicida es brasileño (vino en los ’90), vive en Villa

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El ocaso de la grieta (2)

Ella soñó para sí un destino en el panteón de los máximos ídolos populares, y así se maneja, casi como una “stone”: provoca aullidos de admiración entre sus fans, le piden selfies. Sus miles de seguidores confiesan su idolatría sin pudor, compran sus libros. Lamentablemente, no es una stone (con su personalidad, histrionismo e inteligencia, le hubiera hecho sombra al mismísimo Jagger), sino una dirigente política. La más importante de estos tiempos. Pero no ha parado de pifiarla desde aquel histórico triunfo electoral del 52%. En 2013 perdió, pero no le alcanzó: en 2015 boludeó hasta la exasperación a su propio candidato y por supuesto, perdió. Por poquito, pero perdió.

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