NI UNA MENOS. Basta de violencia machista

Los años previos a la marcha multitudinaria «Ni una menos», se habían incrementado los femicidios casi el 40%. La conmovedora manifestación del 3 de Junio de 2015 en la Plaza de Mayo, logró poner el tema en agenda, pero cuesta erradicar la violencia machista.

El 3 de Junio y el 19 de Octubre de 2015, miles de personas reclamaron el fin de la impunidad que gozan los violentos. Impunidad propiciada -involuntariamente, espero- por la inacción de los tres poderes que componen el Estado republicano.

Inacción que también podría clasificarse como incapacidad, o ineptitud. ¿Y quién tiene la potestad para definir legalmente como “inútil” a un ministro, a un diputado, a un juez? Ni siquiera la democracia moderna es capaz de responder este intríngulis.

Pero no quiero esquivar responsabilidades, tirándole el fardo sólo a los culpables “legales”: lo que estamos viviendo como sociedad en general, y las mujeres en particular, es terrible. Es dramático. Estamos perdiendo vidas todos los días: la violencia de género, como toda violencia, es cruel, degenerada. Bestial.

Pero los hombres también somos protagonistas en este asunto. Porque podemos, y debemos hacerlo. Porque tenemos la responsabilidad de demostrar que se puede ser hombre sin ser machista.

Porque es muy malo ser machista. El que lo es, no entiende, porque se quedó en el tiempo: hace rato que hombres y mujeres tienen las mismas obligaciones y los mismos derechos. Las mismas ansias de enamorarse, de jugar al fútbol, de trabajar para tener su plata, de tener sexo. Igual que nosotros.

¿Que no te enseñaron así? ¿Así que vos y tu “maestro” creen que son más que la Constitución y la ley? El artículo 16 de la Carta Magna, lo define claramente: «Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad».

¿De dónde salió, entonces, esa prepotencia de creerse superiores a ellas?

Apelar a los golpes y a los gritos para que “entiendan”, demuestra la inferioridad explícita que sufren los machistas. Como no son capaces de hacerse entender con la sesera, apelan a la fuerza.

Y los que no somos así, tenemos la obligación de educar a otros hombres: con el machismo sólo se logra sufrimiento de aquella persona a la que se le declama amor. Para el macho, además, implica estar sumergido en la inmadurez permanente, el desarrollo de la mente es inversamente proporcional al de los puños. Puños que, dicho sea de paso, no se usan con uno del mismo o mayor tamaño, sino con alguien que tiene menos fuerza: o sea, más que macho, es flor de… ¡cagón!

Sé que no es una tarea sencilla; los hombres, a veces, somos tan… que hasta exaltamos nuestro primitivismo. Nos encanta jugar a ser tan torpes como Homero Simpson.

Pero esto no es joda: todos los días muere alguna de ellas. Tenemos que ayudar -y hay que hacerlo ¡ya!- a los que no pueden, para que entiendan, para que crezcan; que puedan disfrutar una vida plena al lado de una hermosa mujer, acompañarla en sus proyectos, respetar su independencia, sus ganas de ser mámás, sus planes en común. No hay tarea más complicada, más jodida, pero también más hermosa, que llegar a entenderse desde el corazón, el alma y la mente, con la mujer amada.

Procurar que nuestras mujeres sean felices, de la manera que ellas elijan, es todo un desafío. Y ya no se puede evadir la responsabilidad: de nuestra madurez mental y emocional depende.

Claudio Serrentino

Foto: Télam

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