TATO BORES. La sana costumbre de reírse del poder

“Yo no tengo miedo a opinar, tengo miedo de convertirme en otro imbécil más que por el hecho de ser notorio se cree que al público le interesa su opinión. ¿Por qué un artista o un tipo notorio tiene que andar diagnosticando, tirando la precisa? ¿Acaso uno, por tener un cacho de fama, sabe más que un albañil, que un colectivero? Por favor, dejémonos de jorobar”.
Tato Bores

Quién será ese tipo con anteojos y peluca? La pregunta puede hacérsela cualquiera que tenga menos de 25 años. Esta nota tratará de responderla.

Ese señor nació el 27 de Abril de 1927. Lo llamaron Mauricio Rajmín Borenzstein. Pero se hizo popular como Tato Bores.

Su casa era la pieza de un inquilinato, en Tucumán y Carlos Pellegrini, a dos cuadras de la calle Corrientes. Sus padres tenían una peletería, pero la plata no alcanzaba. Desde chico debió ayudar a sus padres en el negocio, o haciendo changas.

Completó la primaria pero no terminó el secundario en el Otto Krause: quedó libre en tercer año, después de una zaga de “rateadas”.

Mauricio quería ser como su ídolo musical, Benny Goodman. Entonces, se acercó a la orquesta de René Cóspito, para intentar aprender clarinete. A cambio, él ayudaba a cargar los instrumentos (hoy lo llamarían “plomo”). Lo cierto es que la orquesta aportaba la música en el programa radial de Pepe Iglesias “El Zorro”. Y mientras los músicos se preparaban, el joven Mauricio les contaba chistes. Era tan bueno, que fueron los mismos músicos los que le sugirieron a Pepe Iglesias que le preste atención a ese pibe. Así se convirtió en partenaire de una de las figuras de la época, y empezó a llamarse Tato Bores.

Pero la génesis del Tato Bores televisivo vendría después, cuando se suma al programa radial de Pepe Arias, gran monologuista político de la época. En un sketch, Arias hace de Maestro Ciruelo y Bores, de Niño Igor. Tato sufre la primer censura de su vida: el gobierno peronista levanta el sketch porque “en la escuela, todos hablan como el niño Igor”.

BERTA, HISTORIA DE AMOR PROHIBIDO

Su esposa Berta se hizo famosa de tanto que Tato la mencionara en los monólogos. Ella misma cuenta cómo lo conoció, en un reportaje de “Página/12”:

“Yo conocí a Enrique, el hermano más chico de Tato, un verano en Piriápolis. Mirá qué casualidad, nos conocimos nosotros dos y una mujer que después se iba a casar con el hermano más grande de Tato, con Abraham. Ibamos a ser todos familia. Enrique hablaba bastante del hermano, Tato ya era conocido, era el niño Igor. Y un día, acá en Buenos Aires, yo no andaba bien y pasé por la disquería que ellos tenían en la calle Córdoba, y Enrique me dijo si no quería trabajar ahí. Así lo conocí a Tato. Ya estaba en el Maipo, con las vedettes. Esta parte que viene es una historia conocida: en mi casa al principio lo recibieron muy bien, lo querían, pero cuando fue a pedir la mano, en esa época se estilaba eso, mi papá le dijo que no había ningún inconveniente siempre y cuando dejara el teatro. Y Tato, que estaba tan enamorado, dejaba el teatro, dejaba todo. Y yo, en un momento de lucidez, de esas cosas que te pasan una vez cada tanto, le dije ‘Vos no dejás nada’. Porque pensé que si este hombre no llegaba a hacer lo que quería, que fuera por culpa de él y no mía. Y bueno, así estuvimos a las escondidas hasta que mi papá se enteró y me dijo ‘Decime cuándo te vas a casar porque yo me quiero ir’. Siempre me amenazaba con que se iba a ir a Paraná, amenazas, nunca se fue. Pero esa vez, en lugar de hacerle caso, le dije que le iba a contestar. Y me fui volando al Maipo, era un sábado a la noche y le dije: ‘Tato, hay que casarse’. En esa época no era fácil casarse, pero estaba ahí Sofía Bozán, que conocía a un juez, y el miércoles siguiente nos casamos. Y con la plata que nos regalaron los del Maipo y Abraham, mi cuñado mayor, nos alquilamos durante seis meses un departamento de un ambiente. Y así empezamos”.

Hermosa historia. De vuelta en su carrera, su primer trabajo televisivo fue en 1957, en “La familia GESA se divierte”. Pero el personaje que lo hizo popular nace al año siguiente. Se presentó vestido con frac, peluca y un habano, “por si me ofrecen un ministerio”. Allí encontró la veta que marcaría su carrera.

Debutó en Canal 9 con “Tato siempre en domingo”, producido por él mismo, en el que alterna monólogos políticos con situaciones y personajes surrealistas. Además, tenía “línea directa” con los gobernantes de turno, a los que les hacía escuchar sus comentarios filosos sobre la actualidad. Tato tenía un gran “changüí”: ellos no podían contestarle…

El programa salía al aire durante seis meses, y en los otros seis meses se dedicaba a producir el ciclo del año siguiente.

Los mejores guionistas del medio colaboraron con sus monólogos. El primero fue Landrú, luego vinieron Aldo Cammarota, Juan Carlos Mesa, César Bruto, Geno Díaz, Santiago Varela, su preferido -Jordán de la Cazuela-, Jorge Guinzburg e incluso sus hijos Alejandro y Sebastián, que también le produjeron varios ciclos.

Grandes actores también aportaron su talento para interpretar a los personajes delirantes en situaciones ídem: el analfabestia Ricuti, el increíble Federico Peralta Ramos, Gabriela Acher (estuvo embarazada durante años porque su hijo no quería nacer en un país como este), el corrupto Roberto Carnaghi (inolvidable su cruce con el sindicalista Luis Barrionuevo, a quien le besaba las manos y le decía “ídolo”)…

Durante más de 30 años, Tato Bores fue uno de los mejores analistas políticos sin ser analista, a los que les llevaba dos grandes ventajas: explicaba clarito y le sacaba sonrisas a los televidentes.

Comentó la actualidad, la criticó, se rió de ella y de los políticos y/o militares que gobernaban en ese momento, ridiculizó sus medidas con personajes insólitos y dejó párrafos que resumen, en sí mismos, la penosa historia económica del país. Como aquel de su monólogo N° 2.000…

“Y aquí estamos señor. 30 años. 30 años bancandose 16 Presidentes y 37 Ministros de Economia que se la pasaron diciendo “ESTA ES LA CRISIS MAS GRANDE QUE ESTA SUFRIENDO EL PAIS”, “HAY QUE REDUCIR EL GASTO PUBLICO”, “HAY QUE LABURAR MAS”, “HAY QUE INVERTIR EN EL ISPA”. Mientras tanto, quiere que le diga una cosa?, mire, a este peso moneda nacional (sostiene el billete de un peso moneda nacional en la mano, con otros billetes -un peso ley 18188, un peso argentino, un Austral-) le arrancaron dos ceros por este otro peso ley 18188; a este le arrancaron cuatro ceros por este otro peso argentino, y como si esto fuera poco, a este le sacaron tres ceros mas por este Austral. O sea que le extirparon nueve ceros a este pesito de acá adelante. Y como este Austral equivale a mil millones de pesos moneda nacional, y como en aquel entonces se compraba un dólar con 83 pesos moneda nacional, este Austral equivale a DOCE MILLONES DE DÓLARES… (risas, mezcladas con gritos de asombro), lo cual parece un chiste, si no fuera una joda grande como una casa…”.

Una lección de Economía política sobre los últimos 30 años del país, que dura menos de treinta segundos. ¡Impresionante!

Cuando sus hijos se hacen cargo de la producción, incluyen algunos “backstage” que permiten verlo a Tato en una charla informal, sin maquillaje y sin frac, o con sus colaboradores. También, el momento de los tallarines (fueron a comer desde Alfonsín a Menem, pasando por Susana Giménez e incluso Mirtha Legrand, que con uniforme de mucama le sirvió los fideos) y el de la copa de champagne (fue hermoso cuando apareció Piazzolla tocando “Adiós Nonino”).

Por supuesto que no la tuvo fácil: a la muerte de Perón, en 1974, le dijeron que suspenderían las emisiones del programa “por duelo”, pero lo dejaron afuera de la pantalla durante cuatro años. En 1992, la jueza Servini de Cubría (que por un caso de corrupción había sido multada por la Corte Suprema con un “valor simbólico” de 60 pesos) le prohibió mencionarla. El resultado: decenas de figuras reconocidas del espectáculo cantaron en el programa junto a Tato que “la jueza Buru Buru Budía es lo más grande que hay”.

Tato también tuvo mucho éxito en el teatro, donde trabajó con grandes como Carlos Perciavalle o Nélida Lobato. Y en el cine, donde compartió cartel con Alberto Olmedo y Norman Briski.

Pero esta nota quiere recordar al Tato de la tele, a aquel que vislumbraba con su memoria, su chispa y su gracia, el que nos batía la posta alegremente (aunque la realidad fuese esquiva), ese perfecto lector de la realidad que dejó un vacío imposible de llenar.

Si Tato hubiera vivido estos años, ¿hubiera podido trabajar libremente? ¿Los K se hubieran bancado sus críticas? ¿Los PRO hubieran soportado sin chistar que Tato hable del mal estado de la Ciudad? Me produce tristeza el solo pensarlo.

Mauricio Borenzstein hizo su última temporada televisiva en 1993. Empezó a sufrir un cáncer óseo que acabaría con su vida el 11 de Enero de 1996. Hace 20 años que Argentina extraña su talento.

Claudio Serrentino

Foto: Facebook Planeta Tato