Tras el escándalo que rodeó al fallido River-Boca, el gobierno nacional siguió el camino marcado por Rodríguez Larreta: acusar al Gran Bonete. Aseguraron que «se avanzó mucho», pero el partido no pudo jugarse, y los culpables no aparecen.

A veces no se sabe si los que hablan son los que gobiernan, o simples espectadores de lujo. Porque las frases que pronuncian son genéricas, no se admiten errores, y se le echa la culpa a alguien escondido en las sombras: por ejemplo, el Gran Bonete.

El Presidente apuntó, de entrada, a la Justicia: «todos somos iguales ante la ley, por eso tenemos que seguir trabajando, y mucho, porque tenemos fallas en ese sistema». ¿Dijo fallas…? ¿En el sistema de seguridad? No, en el Poder Judicial.

«Una parte de la dirigencia apaña este tipo de cosas», mandó a continuación. «Apaña como una conducta razonable tirar piedras, agredir, violentar. Y claramente, esto no es aceptable«. Está hablando de los barras protegidos por los dirigentes de fútbol.

¿El que habla es Macri, el mismo Macri que gobernó a Boca Jrs., y que durante su mandato La Doce siguió firme en el para avalanchas, como sigue ahora con su delfín Angelici?

Ahora seguro que habla sobre el fracaso del operativo policial. No. La frase a continuación fue «y más allá de los operativos policiales, no puedo resignarme como Presidente, representando a la inmensa mayoría de argentinos que somos pacíficos, que para organizar un espectáculo deportivo haya que militarizar toda la zona».

Luego, el Presidente volvió a hacer la misma comparación que Larreta el día anterior: «un espectáculo como éste no debía ser en nada distinto a la maravillosa experiencia que tuvimos con los Juegos Olímpicos de la Juventud, donde más de un millón de argentinos concurrieron».

Lamento contradecir al primer mandatario y al jefe de Gobierno, pero los Juegos Olímpicos de la Juventud NO TIENEN NADA QUE VER con el River-Boca. Las competencias son distintas, el público es distinto, la predisposición del público es distinta, la pasión es distinta; hasta la seguridad es distinta.

Lo sé yo, un simple periodista de barrio… No lo van a saber las fuerzas de seguridad, los especialistas en eventos multitudinarios, la Agencia Federal de Inteligencia…

Macri volvió a insistir con la negación del operativo: «debe haber un sistema judicial, además, del operativo policial, que debe garantizar que aquel que no cumple, la va a pasar mal. Porque veo que han centrado en el operativo policial, que ya el jefe de Gobierno como responsable está estudiando y perfeccionando para el día que se organice el partido (…) cómo puede ser que las 23 personas que detuvo la policía, en horas esten libres. ¡No entiendo! ¡En nombre de los argentinos no entiendo!».

La indignación del Presidente quizás tenga una explicación lógica: los detenidos no eran los barras, ya que ninguno tenía antecedentes. Agarraron a unos cuantos al azar, para decir: «ven, a éstos los detuvimos». ¡Algo tenían que hacer, después del desastroso operativo!

El presidente insistió con su optimismo: «podemos. Frente a aquellos que dicen que esto no puede cambiar, yo digo que sí. Va a cambiar, y está cambiando».

Y volvió a su rol de espectador privilegiado: «apoyar a las fuerzas de seguridad cuando actúan. Porque si no las apoyamos cuando actúan, después no nos quejemos cuando pasan estas cosas», dijo Macri, como si el micro de Boca se hubiera manejado solo hacia la emboscada, y no guiado por las mismísimas fuerzas de seguridad que lo escoltaban.

A su turno, la ministra Bullrich hizo referencia a tuiteos de dirigentes que no se manifestaron contra los violentos, cuando «la conducta violenta es anormal, es criticable».

«De golpe, pasamos a tener las mejores fuerzas del mundo, a las peores fuerzas del mundo. Durante los JJOO fueron una maravilla, cuando tienen un problema son las peores. Seamos balanceados los argentinos, planteemos las cosas con más equilibrio», afirmó la ministra.

Bullrich -al igual que el jefe de Gobierno Larreta y el presidente Macri- también omitió explicar por qué el micro que llevaba a los jugadores de Boca Jrs. fue llevado por las fuerzas policiales hacia el lugar donde estaba esperando la barra de River, para agredirlo.

Los tres integrantes del gobierno nacional coincidieron con el jefe de Gobierno porteño: los culpables son las mafias enquistadas en el fútbol. Es decir… El Gran Bonete.

Cabe recordar que el presidente intentó que los partidos se jueguen con la presencia de público visitante, y que por entonces la ministra Bullrich había declarado: «Si tenemos un G-20, ¿no vamos a dominar un River-Boca?».

Claudio Serrentino

Foto: Minuto Uno