Inauguraron mural y relieves, en la Plaza del Corralón

El Sábado 19 de Junio, se realizó el acto por el Día del Barrendero en el Corralón. Se pintó un mural participativo, y se colocaron los relieves de los trabajadores desaparecidos en la Casona Histórica. Negativa de la Junta Comunal.

El cura Mauricio Silva, y sus compañeros Néstor Sanmartino y Julio Goitía, trabajaban en el Corralón municipal de Floresta. Desde 1977, están desaparecidos.

Muchos años después, gracias a una investigación de la Asamblea de Floresta, y el aporte de familiares, amigos y compañeros de trabajo de las víctimas, se pudo reconstruir la memoria.

La Plaza del Corralón tiene una historia de 70 años de lucha por recuperar ese espacio para el barrio, a lo que se suma la lucha de los trabajadores municipales de aquel entonces.

El Sábado 19 de Junio se realizó el acto por el Día del Barrendero. La fecha es el 14 de Junio: ese día de 1977, desapareció Mauricio, “el cura barrendero”.

Durante el acto, mientras se pintaba el mural participativo, a cargo de los Fileteadores del Conurbano (que integra Barbie, una vecina de la Plaza), la docente Claudia (Adultos 2000) unió la lucha de los trabajadores del Corralón con la implementación de la educación sexual integral, porque “después de un suceso educativo, ya no sos la misma persona: te das cuenta que sabés, que podés, y que te sirve para tener una vida mejor”.

Mariano Reposi es hijo de un obrero secuestrado por un grupo de tareas durante la dictadura. Mariano cantó para homenajear “a los trabajadores desaparecidos, a los que están aquí presentes, y a mi madre, a su coraje, que me llevaba en brazos mientras buscaba a mi padre en comisarías y juzgados”.

Virginia, de la Asamblea de Floresta, contó un cuento-alegoría sobre la importancia del trabajo colectivo.

Fátima, de la Comunidad Laica Hermanitos de Foucauld (a la que pertenecía Mauricio Silva) resaltó lo importante que esté el arte “luchando por la verdad, la memoria y la justicia”. Recordó a Carmelo Sardinas, “dirigente del Movimiento Villero Peronista, que había conocido a Mauricio en la lucha de los municipales”.

Fátima contó otra lucha de Mauricio Silva: en Fortín Olmos (norte de Santa Fe), junto al sacerdote Patrick Rice (defensor de los derechos humanos), acompañaban la lucha de los hacheros explotados. Los curas tenían una camioneta que se usaba como la ambulancia del pueblo. “Todo esto lo vamos reconstruyendo, al revisar los archivos de la Comunidad”, explica Fátima.

Cristian Sanmartino, hijo de Néstor, resaltó que “nos llena de orgullo que ustedes reivindiquen la vida de nuestros viejos. Porque nosotros tuvimos que padecer, de muy chicos, la indiferencia y la discriminación por parte de un gran sector de la sociedad”.

Mariano, hijo de Julio Goitía, agradeció a los artistas por el mural y los relieves, “y a todos los que participaron en esto”.

María Claudia Martínez, autora de los relieves, resaltó que “cada vez se fueron acercando a participar más artistas, más jóvenes, quiere decir que se van renovando las expectativas, las ganas de decir cosas. Por eso estoy feliz que esté aquí Barbie, también vecina y artista, de una generación más joven”.

Barbie, de Fileteadores del Conurbano, resaltó que “los relieves iban a estar afuera, pero el Gobierno de la Ciudad dijo que no, entonces decidimos integrar las dos obras”.

Los organizadores le habían elevado un proyecto a la Junta Comunal para colocar los relieves en la entrada, sobre la avenida Gaona. La idea era que los automovilistas que pasen, vean las imágenes y tomen conciencia.

Pero la Junta Comunal respondió que no lo autorizaba; entonces, decidieron colocarlas en la misma pared de la Casona en la que pintaron los Fileteadores.

Anahí Aizpuru, integrante de la Asamblea, no se dió por vencida ante la negativa oficial: “vamos a pintar con stencil los rostros de los compañeros en la columna de la entrada. Porque gracias al primer mural con las siluetas, cuando no estaba la plaza, se acercó Cristian (el hijo de Néstor Sanmartino). Así, él pudo reconstruir parte de su historia”.

Luego, los hijos de los trabajadores desaparecidos, pintaron el nombre de sus padres en el mural.

Claudio Serrentino

Fotos: Asamblea de Floresta y La Bocina

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