Los límites del Barrio de Versalles son la Av. General Paz, Nogoyá, Irigoyen y la Av. Juan B. Justo. Muchos saben y otros no, que debajo de esta avenida, circula el Arroyo Maldonado. Este Arroyo era muy conocido en los barrios del Oeste: Versalles, Villa Luro y Liniers y en todo su recorrido, hasta la desembocadura en el Río de la Plata, por todos los inconvenientes que causaba.
Nos perdimos de conocerlo porque ahora está entubado, aunque en realidad no es un tubo, sino una construcción de hormigón armado en forma cuadrada. No lo conocimos, pero lo podemos espiar a través de la historia, y con los relatos de antiguos vecinos que ya no están, con publicaciones de archivos, fotos y periódicos. Nunca estuvo ausente, se fue expresando a través de las inundaciones, muchas veces fatales.
“Si, yo me lo acuerdo cuando el agua llegaba hasta la calle Viena… yo lo vi llevando muebles, animales muertos… se murió gente, los puentecitos estaban en la calle Gana, Gallardo… me acuerdo que en una inundación se llevó la jardinera que mi papá había traído de Italia… se llevaba todo. Los vecinos que estaban más lejos del arroyo nos socorrían, nos daban sopa, comida, algo de ropa esperando que el agua bajara…para llegar a Liniers la cruzábamos en bote… fue brava la inundación del treinta….Hoy todo es un recuerdo”.
El nombre de Maldonado se rescata del libro de Ruy Díaz de Guzmán “Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata”. Probablemente sea una leyenda, que cuenta que en Buenos Aires, en tiempos de Pedro de Mendoza (1536), había mucho hambre y estaba prohibido salir del fuerte. Pabla de Maldonado se atrevió a salir a tomar fresco, internándose en el bosque para satisfacer el hambre, comiendo los huevos de gallo de una planta originaria, pero al llegar al arroyo sintió el fuerte rugido de una leona (yaguareté) a la que ayudó a parir a sus dos cachorros, pero unos indios la hicieron cautiva; poco tiempo después, un capitán la encontró y la llevó prisionera. La orden fue atarla a un árbol para que la devoraran las fieras: cuenta la leyenda que vino la leona agradecida, y la defendió de otras fieras. Se pensó cambiarle su nombre por Biendonada.
Sumado a la leyenda, producto de la imaginación o de hechos reales contada por Guzmán, están los aportes de otros historiadores que han rescatado el nombre Maldonado, un propietario de una chacra llamado Bartolomé Maldonado. También aparece en un documento del Cabildo Eclesiástico del 23 de octubre de 1730; allí se cuenta que se la conocía como Cañada de Maldonado.
La cuenca del Arroyo Maldonado tiene un área total de 110 km2, de los cuales 59 km2 corresponden a la provincia y 51 m2 a la Capital con un recorrido total de 18 kms. Como recoge agua de la provincia, estas deben atravesar necesariamente la ciudad para desaguar en el Río de la Plata. Sus nacientes están en la localidad de San Justo, muy próximo a la estación ferroviaria. Se reconoce su recorrido en el trazado de la calle Mármol, ya en Ramos Mejía hace una curva en Av. Don Bosco, cambia el rumbo al Norte por la calle Pueyrredón y en forma de curva por J.G. Castillo cruza la Av. Díaz Vélez y al 12.900 atraviesa la Av. Rivadavia y las vías del Ferrocarril Sarmiento. Hasta hace unos años se podía observar el resto de un puentecito para cruzarlo, pero ahora se modificó todo. No es fácil seguir el curso porque al entubarlo, dentro de la provincia, se modificó su circulación natural. Ya en el lado Norte, circulaba lo que hoy es una avenida ancha, llamada Maldonado, que se toma habitualmente antes de cruzar la G. Paz y primitivamente entraba por la calle Amadeo Jacques para unirse con el otro brazo de la Av. Gaona y continuaba zigzagueante por lo que es hoy la Av. Juan B. Justo y Av. Bullrich hasta su desembocadura en forma de meandros. Este nombre proviene de un río de Turquía, llamado así, que desagua en el Mediterráneo.
Conviene aclarar que el brazo de Gaona nace cerca de la Estación Haedo (unas 6 cuadras al Sur), cruza las vías del ramal Mármol-Haedo y llega a Rivadavia, corre paralelo a las vías del ferrocarril Sarmiento, la cruza a la altura de la calle Urquiza y en curva empalmaba con la calle Gaona. Si se circula por el lado Norte de Gaona se observa que pasa por debajo de algunas calles por unos terraplenes.
En el libro de Eduardo Jiménez “Aquel Ramos Mejía de antaño” cuenta: A Ramos Mejía la cruzaban dos zanjones, el primero servía de límite entre dos municipios: Morón al Norte y Matanza al Sur. El segundo zanjón se hallaba a 13 cuadras al Sur de la Estación Ramos Mejía, por debajo de la calle Rawson y luego por Ciudadela, desviaba al Norte por la calle Díaz Vélez. “Los dos brazos eran tranquilas corrientes de agua pluvial, pobladas de ranas, que los niños nos dedicábamos a cazar en tardes robadas a la escuela”.

El reconocido historiador de Villa Luro, Hugo Corradi, quien escribió en su libro “Guía Antigua del Oeste porteño”: “durante el siglo pasado (XIX), el Maldonado ofrecía un aspecto similar al que vemos en los arroyos de campaña bonaerense, en épocas de sequía era un inofensivo curso de agua serpenteando entre juncales y descampados, donde abrevaba el ganado y abundaban las aves acuáticas, pero cuando llovía un poco más de lo común, dada la escasa barranca, tendía a desbordar, e inundaba grandes extensiones, arrasando los escasos puentes y los ranchos más cercanos… cuesta imaginarlo con aguas claras y limpias, corriendo casi a nivel de los terrenos, incluso formando algunas pequeñas lagunas y remansos, tan fea es la situación que muchas casas no encuentran inquilinos y permanecen solteronas desde hace más de un año. Los puentes que lo cruzan son malas obras de carpintería, y aún los más seguros no merecen que nadie ponga los pies encima” .
Los recuerdos son muchos, pero gracias a ellos hoy podemos reconstruir la historia de este arroyo que fue tan protagonista en la zona. Era un depósito de basura y de desperdicios del barrio, los desagües domiciliarios, no cloacales, se vertían en él, donde proliferaran las ratas, los desocupados buscaban objetos aprovechables, los carreros desaprensivos arrojaban tierra, cascote (aunque estuviera prohibido). Cuando empezaba a llover, y sobre todo si persistía viento Este, el arroyo presentaba un aspecto desolador, primero el cauce se cubría totalmente de agua y luego, ya fuera de madre, se inundaba la zona, a veces hasta cinco cuadras a ambos lados, sembrando la desesperación entre los pobladores de las sencillas casitas de los alrededores, provocando el pánico entre los vecinos con la intervención de los bomberos, policía, asistencia pública, etc. Esto lo recordaba el conocido y querido historiador Diego Del Pino, que escribió un libro sobre el Maldonado, y vivía en el Barrio de Villa Crespo.
Hay mucha literatura escrita sobre el Maldonado, viene bien rescatarla porque cada uno lo pinta según su visión, su sentir, su sufrir.
Jorge Luis Borges lo tiene presente en varios cuentos en su obra completa. Ahí están los cuchilleros. Él vivió en Palermo, cerca del arroyo y eso lo inspiró en varios cuentos: “Historia de Rosendo Juárez…me crié en el barrio del Maldonado, más allá de Floresta…yo me he agenciado un cuchillo, tomamos para el lado del arroyo despacio vigilándonos”. En el relato del “Hombre de la esquina rosada” … “se empinó de golpe hacia atrás y voló el cuchillo derecho, y fue a perderse afuera en el Maldonado”. En su obra, Evaristo Carriego dice: “El Maldonado reseco y amarillo zanjón, estirándose sin destino desde la Chacarita, y que por un milagro espantoso pasaba de la muerte de sed a las disparatadas extensiones de agua violenta, que arreaban con el rancherío moribundo de las orillas. Después empezaba el cielo de relinches y crines y pasto dulce…de las caballadas eméritas de la policía. Hacia el Maldonado raleaba el malevaje nativo…Ahí se entristecía Palermo, pues las vías de hierro del Pacífico bordeaban el arroyo”.
También lo evoca “Adán Buenosayres” de Leopoldo Marechal: “coronado de espinas frente al corralón del Vasco Ureta, puesto en cruz a las orillas del Maldonado…que algún día te llegará la mala, y que si naciste en el Maldonado, al Maldonado vas a volver”.
Enrique González Tuñón, en el libro “Tango”: “El Arroyo Maldonado, que cruza la ciudad como un barbijo en un rostro malevo, guarda fervorosamente el recuerdo de un crimen pasional… de ahí que los habitantes del Maldonado le bordan el apodo: El Brujo. Le vanagloria de conservar entre sus páginas de lodo el suceso rojo que emocionó las hojas del boletín de última hora… Jugó con el lodo del Arroyo, y cuando levantaba dos pies del suelo, fue el punto más pequeño en las partidas del monte criollo improvisadas en los baldíos diseminados alrededor del Maldonado”.

El tango también se ocupó de él. El más antiguo es el denominado “Maldonado”, de Carlos Hernani Machi (1913-1915) solo música; Vals “El Maldonado” de Saturnino Pinto Ríos; Tango “Maldonado” de Luis Visca y Luis Rubistein (1927). Lo grabó Osvaldo Fresedo con la voz de Ernesto Famá. También Francisco Canaro con Charlo en 1928 para Victor. Tango “Maldonado” de Carlos Quintana; Tango “Maldonado” de Raúl de los Hoyos y Alberto Vacarezza (1928) grabado por Francisco Canaro (1929); milonga “Maldonado” de Alberto Mastra.
El sainete lo tuvo también de protagonista: “El Arroyo Maldonado”, de Vacarezza y Carlos Pacheco. Vacarezza lo conocía bien, porque vivía en Corrientes al 5400, a tres cuadras del arroyo, donde su padre tenía una talabartería. La obra apareció publicada en la revista teatral “El entre acto” en el año 1922 y comenzaba así:
“Cuadro primero: Patio de una casucha a orillas del Arroyo Maldonado, dos piezas a la izquierda mirando al frente. La puerta que da a la calle baja y se afirma sobre el extremo de una empalizada de madera por detrás de la cual se dejará ver el Arroyo que cruza como una línea barrosa…”
Creo que con todos estos relatos hoy podemos conocer y reconocer como era el arroyo y como también se lo sufría.
Siguen las inundaciones
De generación en generación los padres, los abuelos fueron contando anécdotas sobre las grandes inundaciones que azotaron la ciudad: 1897, 1898, 1012 y siguen. El diario “La Prensa” del 13 de abril de 1911 publicaba: “La tempestad de ayer, dos niños ahogados en el Maldonado a consecuencia de la gran tormenta, estaba sumamente crecido y correntoso. Uno de los chicos Felix Gracovello, de 9 años de edad se cayó al arroyo al frente de la calle Rivera y arrastrado por la corriente pereció ahogado, su cadáver fue extraído momentos después de producido el accidente. El otro niño se llamaba Simón Federoski, de la misma edad, su cadáver no ha sido extraído aún…”.
La gente se prevenía poniendo en la puerta una tabla sostenida por unos soportes de hierro; no era infalible, pero ayudaba. Era común que se escuchara la pitada de los agentes de policía, y en seguida los bomberos con botes para ayudar a la gente, que generalmente estaban subidos a los techos de las casas para protegerse.
Después de tantas inundaciones, las autoridades empezaron a preocuparse cómo solucionar el tema. La población iba en incremento por la gran inmigración. Los barrios se iban extendiendo; antes, no importaban tanto los desbordes del arroyo. Antes todo era campos, quintas, pero los loteos, que ya eran frecuentes, nadie los iba a comprar si eran terrenos inundables. A finales del siglo XIX, las tareas que se encaraban eran la canalización y ampliación de los bordes. Se compraban las tierras laterales para ampliar los cursos de agua, pero eso no llegaba a solucionar las inundaciones. Los ingenieros hidráulicos de Obras de Salubridad ponían todo su empeño en solucionar estos problemas. No eran suficientes. En 1912, la institución pasa a llamarse Obras Sanitarias de la Nación y puso todo para encauzar las soluciones y organizar los desagües pluviales de toda la capital. Primero se rectificó el arroyo desde la desembocadura hasta el Barrio de Villa Crespo.
En 1910, el Ferrocarril Oeste firmó un contrato con la Municipalidad que le permitió correr 300 metros más al Norte, para ampliar los Talleres Ferroviarios de Liniers- Villa Luro. También se construyeron pasarelas para que los vecinos de los nuevos barrios se pudieran comunicar. Pero a pesar de la limpieza y rectificación, los problemas seguían, no solo en este arroyo, también en el Medrano, Vega y Cildañez.
Se decide encarar las obras de entubamiento- El 11 de septiembre de 1919, el presidente de O.S.N eleva un proyecto al Ministerio de Obras Públicas para encarar la construcción de las obras de desagües pluviales del radio de la Capital Federal. Tema que continuará en el próximo capítulo, con los aspectos legales para la realización las obras de entubamiento de todos los arroyos. El primero fue el Maldonado.
Susana Boragno
Fotos: archivo Susana Boragno
