Las Academias de Corte y Confección
El tema de la máquina de coser da mucha “tela para cortar”. Su utilización requería capacitarse. Así surgieron las Academias de Corte y Confección. No faltaron en ningún pueblo, barrio o provincia, eran verdaderas instituciones que cumplieron un rol importante dentro de la sociedad femenina, ávida de conocer un método que le permitiera aprender a coser, bordar para ganarse la vida. Interesante era la publicidad de la época en la Revistas “Maribel”, “Vosotras”, etc. que entusiasmaban para que aprendieran a confeccionar vestidos, blusas, polleras, etc.
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¡Cuántos avisos, cuántas promociones! Fue una época interesante de nuestras madres, abuelas, tías, todas estaban ligadas a estas academías de Corte y Confección. Cuando iban a estudiar, las delataba la regla triangular que asomaba de la bolsa donde llevaban los útiles. Cuando se recibían, ponían la chapa que las acreditaba “Profesora de Corte y Confección” “Sistema Teniente”, por ejemplo, o “Modista Fina”. Hoy ya nada queda del encanto de ese intento por superarse y ser una profesional. Así se fueron expandiendo por todo el país. Hoy, la mujer ha tomado otros rumbos. Estudian medicina, abogacía, ingeniería, etc que le han permitido ascender en la escala social e igualarse al hombre. Fue una época gloriosa de estas modistas, costureras. Ya casi no quedan modistas.
Estas Academias cumplían el sueño de Manuel Belgrano. Cuando fue nombrado Secretario del Consulado en 1794, en una de sus Memorias Anuales proponía que las mujeres debían ser instruidas en coser, bordar, etc. Esto lo recuerda en el primer libro de la Singer del año 1923, que obra en mi biblioteca. Hoy no queda nada de aquel intento por superarse.
Museo de las Máquinas de Coser
Nuestro Buenos Aires es rico para descubrir lugares y siempre hay rincones donde se puede encontrar sitios interesantes para conocer y fotografiar.
En el centenario Colegio “Otto Krausse”, de Paseo Colón 650, se encuentra el Museo Tecnológico “Ing. Eduardo Latzina”, y dentro de el “Museo de Máquinas de Coser Salvador Rachetta”. Recuerda el trabajo laborioso de tantas almas pioneras, ya legendarias, y muchas que desde el anonimato sustentaron el progreso del país. El Sr. Rachetta había llegado de Italia y de muy joven entró a trabajar de aprendiz en una casa de reparación de máquinas de coser. Después tuvo su propia casa. En el año 1982 fue elegido presidente de la Cámara de Comerciantes de la Máquina de Coser. En el año 2000 tuvo la iniciativa de crear este museo.
La Cámara de Comerciantes surgió de la necesidad de dar respuesta a los requerimientos de los comerciantes. Empezaron a reunirse en el barrio de Villa del Parque. En 1948 adquieren identidad propia y después de una asamblea, constituyen la Asociación de Comerciantes de Máquinas de Coser. Se elaboran los estatutos, se reemplaza la palabra Asociación por Cámara; y en 1958 adquieren la personería Jurídica.
En el Museo se encuentra una máquina que fue inventada por Barthelemy Thimonnier, francés nacido en 1793, de profesión, sastre. Se devanaba los sesos en su taller, pensando en una máquina que cosiera mecánicamente. Pasó períodos de miseria hasta lograr su invento. Un rico propietario llamado Magrin instaló una fábrica para construirlas en serie. Se hicieron. 80 máquinas, que se utilizaron para confeccionar 800 uniformes para el ejército Las primeras máquinas fueron destruidas por sastres y costureras que vieron a esos “aparatos” como enemigos de la aguja de acero que seguía usándose manualmente desde el siglo XVI. Igualmente, Thimonnier siguió perfeccionando su invento, y una de ellas la envió a una exposición en Londres en 1855 y obtuvo el segundo premio.
Existe una carta que le envió el inventor al señor Herbin de Argentina: “Ud. encontrará en las instrucciones todas las explicaciones para su uso, y además todos los accidentes que pueden sobrevenir durante el trabajo… le producirá una economía de 500 francos al año. Estoy a la espera de su orden y su giro para efectuar el envió que será garantizado hasta su domicilio, mis saludos, Thimonnier”.
La máquina llegó a Buenos Aires. Herbin era un tintorero y la máquina le iba a resultar muy necesaria porque le permitiría unir los rollos previos al proceso de teñido. Su taller estaba en Francisco Acuña de Figueroa 1030. Esa máquina pasó al Museo, una reliquia ejemplar única en el mundo. ¿Por que única?. Se habían fabricado cuatro máquinas, la primera y la segunda la quemaron los sastres franceses incendiando el taller donde estaban, la tercera desapareció y la cuarta se salvó porque estaba en nuestro país. Thimonnier murió en la absoluta miseria.
Otras rarezas fueron exhibidas en septiembre de 2007, en el Museo Histórico de Buenos Aires, Cornelio Saavedra. Verdaderas joyas históricas muy bien conservadas. Se pueden encontrar máquinas de coser en el Museo de la Isla Martín García, Museo de la Reconquista en Tigre, Museo en Navarro, provincia de Buenos Aires. Siempre despiertan sonrisas, nostalgias y recuerdos, no resultan indiferentes.
Las máquinas de coser fueron utilizadas por abuelas, tías, madres quienes nos hacían con esa puntadas perfectas, esos lindos vestiditos, …también los lindos ajuares de casamientos, los ajuares de bebés, etc. Todas estas máquinas de coser se ganaron mi recuerdo y mi cariño para siempre.
Las máquinas de coser y las luchas sociales femeninas
El tema de la máquina de coser está ligado a las costureras, incluidas las bordadoras, que fueron pionera en las luchas por las conquistas sociales, para ello se agruparon y formaron las primeras asociaciones en defensa de sus derechos.
Actualmente se celebra el 8 de marzo el Día de la Mujer, que evoca en 1857, el sufrimiento de centenares de empleadas de la confección del Bajo Manhattan, Nueva York, donde fueron reprimidas cuando salieron a las calles a protestar por sus penosas condiciones de trabajo. Años después en 1908, en la misma ciudad operarias textiles murieron carbonizadas al reclamar la reducción de 4 horas en jornadas de 14.
La Argentina entre 1880 y 1904, tuvo n crecimiento poblacional impresionante y dentro de esas masas se encuentran mujeres que empiezan a luchar para tener un lugar donde trabajar. Dentro de esas corrientes estaban las primeras organizaciones obreras con tendencias anarcosocialistas. Se viven los primeros enfrentamientos de clases con huelgas, persecuciones, prisiones y deportaciones. En parte por las condiciones de vida de los conventillos donde vivían hacinados, dormían, cosían y carecía de leyes protectoras.
En 1889 las modistas rosarinas llevaron a cabo una huelga. Virginia Bolten, su principal protagonista, estimulaba la lucha de las costureras. En 1896 se produce una huelga en la Fabrica Argentina de Alpargatas en reclamo de aumentos salariales y también para la formación de una sociedad gremial. En 1902, se organizó el Centro Feminista Socialista, su campaña fue para estimular la ley de Protección al trabajo de mujeres y niños, en las fábricas, que al año siguiente, el Parlamento aprobó bajo la ley 5291. En 1904, se crea la Unión Gremial Femenina adherida a la Unión General del Trabajo y así siguieron.
Pasado los años, la máquina de coser entró en los planes políticos del gobierno justicialista. En el Libro “La Nación Argentina Justa Libre y Soberana” (1950) cuenta: “la ayuda social distribuyó miles de máquinas de coser… seleccionó a los más necesitados y se le entregaron”. El Consejo Nacional de Educación dispone de 870 máquinas de coser y 238 mesas para corte que se utilizan únicamente en las clases de esa especialidad… El 24 de abril de 1948 se resuelve que las máquinas de coser sean utilizadas por las vecinas de la escuela en los días que no funcionaban los cursos. En estas Escuelas Técnicas se capacitaban profesionalmente a las mujeres, para una salida laboral
Recientemente me contó Mónica Ester Rubio que en la Escuela Fábrica N°3 Casal Calviño de la Av. Lacarra 621 se fabricaban las máquinas de coser Evita que se distribuían a la población necesitada.
La historia de la Máquina de Coser nos llevó lejos, Fueron muy importante para suplir una necesidad de la costura que dejó de ser a mano. Hoy muchas máquinas quedaron para decoración, como base de mesitas utilizando su bello sostén de hierro, hay quienes lamenta no tenerlas, les vendría bien para dar unas costuras. En toda casa hubo una Singer u otra marca, Algunas se perdieron en la mudanza, olvidándose lo importante que fueron en la vida de las familias.
Muchas se perdieron en la herencia, otras las mantuvieron, y otra dieron letras a algún tango como “Caminito al taller” (1925) de José González Castillo, padre de Cátulo :
Una mañana te vi por primera vez
Por la desierta calle rozando la pared.
Como si el viento helado que barría la acera
te acelerara el paso, camino al taller
Había en tus pasitos taconeo de tango
Y frusfruses de seda en tu marcha sensual
Pero tu personita claudicaba en el fango
Bajo el fardo de ropa que nunca te pondrás
Pobre costurerita ayer cuando pasaste
Envuelta en una racha de tos seca y tenaz
Caminito al conchabo, caminito a la muerte
Bajo el fardo de ropa que llevas a coser
Quien sabe si otro día como este podré verte
Pobre costurerita camino al taller
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La máquina de coser que atesoro la rescaté de un vecino que la sacó a la calle porque le molestaba, quizás no sabía lo que había representado para su familia. Las sigo amando, queriendo y respetando por su noble servicio. Mi cariño de siempre.
Susana Boragno
Fotos: Archivo Susana Boragno

