El anuncio del jefe de Gobierno Jorge Macri, sobre el regreso de los créditos hipotecarios “para familias de clase media” podría ser el inicio de la solución para uno de cada tres hogares porteños, que no tienen casa propia.
Para quienes no padecen este drama, no tienen idea lo que implica alquilar: el desarraigo de mudarse cada dos o tres años, cambiar a los chicos de escuela, de club, de maestra particular, perder el círculo de amigos, no terminar de recuperarse del stress de la mudanza, para empezar a empacar otra vez, conseguir garante, y la plata: la montaña de plata que hay que juntar para ingresar a una vivienda…
Es muy desgastante. Los que tienen casa, muchas veces ignoran el problema que implica alquilar. Económicamente, y hasta psicológicamente.
En Argentina, los planes de vivienda para los que no tienen vivienda, no abundan. Sí hay créditos para aquellos que tienen muchos recursos, y se les antojó construirse otra casa “para inversión“, lo cual profundizó aún más el drama de los que no tienen casa. Ya que esa “demanda” artificial, aumentó los precios de las casas, y además hay muchas viviendas que no se habitan, ni se alquilan (se calcula que en la Ciudad hay 200.000).
La Ciudad decidió lanzar un plan -ya no de construcción de viviendas- sino de créditos hipotecarios, que permitirá, en el mejor de los casos, adquirir una propiedad de U$S 71.000 (el monto máximo del crédito es de $ 100.000.000 tomando el dólar a $ 1.400).
Con esa plata, se podría acceder a un departamento/ph de no más de 40 metros cuadrados (según los precios publicados en Zonaprop), en algunos barrios de la Ciudad: el sur o el oeste. Para poder acceder, hay que ganar más de $ 3 millones mensuales, y contar con el 25% (ojo con la letra chica, porque con los gastos habrá que contar con más plata: es decir, hay que tener “en mano” 30 millones de pesos).
En estos tiempos de malaria, con 4 de cada 10 familias endeudadas, serán muy pocas las que puedan contar con ese dinero para poder acceder al crédito hipotecario. Pero es una oportunidad: por lo menos, ahora se puede evaluar la chance.
Hubiera sido sólo una buena noticia, si Jorge Macri no hubiera dado lugar en su discurso, a ese desprecio que destila en muchas de sus intervenciones públicas: el desprecio hacia los pobres.
“Durante mucho tiempo, los recursos del Instituto de Vivienda de la Ciudad se concentraron casi exclusivamente en villas y asentamientos. Esa política fracasó. Y además, generó una profunda injusticia. Porque mientras a unos pocos se les regalaron casas, miles de familias, parejas, jóvenes y personas que viven de su trabajo, mes a mes, priorizan el alquiler por sobre muchas otras cosas. Nosotros queremos terminar con esa injusticia”, dijo el jefe de Gobierno al presentar la línea de crédito.
Luego de verlo en You Tube, y tras superar la indignación, me pregunto por qué miente. Enseguida me respondo: el que está en Casa Rosada, es un mentiroso serial, mirá adónde llegó. Ahí entendí la intención. Igualmente no me conformó mi pensamiento, recurrí a Google. Allí encontré lo que chequeó Chequeado.
Según un análisis de la fundación Techo junto a la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) para Chequeado, en la Ciudad los proyectos de integración sociourbana “han garantizado el acceso a la vivienda a través de operatorias específicas de vivienda social, con créditos hipotecarios a 30 o 40 años, con tasas de interés ajustadas a la capacidad de pago de cada familia”. Es decir, no fueron entregas gratuitas de viviendas.
Desde un púlpito oficial, Macri difama y alienta la discriminación: dijo sin medias tintas que los que viven en la villa son vagos “a los que les regalaron casas“, mientras a los otros “que viven de su trabajo” no se les dió nada.
Es penoso comprobar que se apela a la mentira, se incita al odio, desde lo más alto del poder.
En democracia, TODOS TENEMOS LOS MISMOS DERECHOS. Los que viven en la villa, son iguales a los que viven en Recoleta. Un gobernante con algún tipo de raciocinio, tendría como prioridad impulsar el desarrollo de los que menos tienen, para que no existan tantas diferencias entre una zona y otra de la Ciudad. Con la idea utópica de que alguna vez, todo Buenos Aires sea como Recoleta.
En estos tiempos difíciles, enredados y confusos, se hace todo lo contrario a lo que indica el raciocinio: le quitan impuestos a los autos de lujo, mientras aumenta el precio de lo más básico.
Una pena.
Hubiera festejado esta noticia, pero Jorge Macri la empañó con su desprecio hacia mis hermanos. Porque sí, los que viven en las villas son mis hermanos. Y los de Recoleta, también.
Claudio Serrentino

