En mi casa, a mitad de la década del ’80, no había un mango. La fábrica de mi viejo no lograba recuperarse del plan económico de la dictadura.
Mis viejos, por la noche, cenaban salteado porque no alcanzaba para todos. Deudas por todos lados. El alquiler nos mataba. Con apenas 10 años ya me había mudado 3 veces.
En esos tiempos, pocas cosas me hacían más feliz que recibir los martes al mediodía, cuando volvía de la escuela Pestalozzi de Rosario, la revista El Gráfico que una vez por mes me compraba mi mamá.
Para nosotros, El Gráfico no era una revista barata. Nos costaba mucho. Pero en casa siempre se leyó mucho. Y mi vieja, sigo sin saber aún de dónde sacaba la guita, nos permitía darnos ese “gustito“.
Con El Gráfico en las manos, había una prioridad: leer las notas firmadas por Ernesto Cherquis Bialo. Uno leía y podía revivir el partido. Combinaba un uso extensivo del vocabulario con una utilización precisa de cada palabra. No sobraba una frase.
Estamos despidiendo a Cherquis.
Los momentos vividos y disfrutados con su escritura, serán inolvidables.
Germán Martínez
Diputado Nacional

