Quizás las ridículas normas que intenta imponer la FIFA, nos condenen por ser dueños de nuestro territorio. Lo cierto es que inmediatamente después del partido Argentina 2-Inglaterra 1, los jugadores reflejaron en una bandera, una reivindicación que une al país: “Las Malvinas son argentinas”.
Fue una respuesta tan simple como contundente, contra los poderes que intentan acallar un reclamo de soberanía que ya lleva casi 200 años.
La FIFA asegura no permitir “política” ni “discriminación“, pero hizo política sectaria, cuando en 2022 prohibió participar a Rusia en el campeonato mundial.
Pero en el Mundial 2026 “mostró la hilacha”: otorgó un premio a Trump, y no conforme con eso, se arrodilló ante él. Revisación “profunda”, como si fueran delincuentes, a las selecciones africanas, por ser de raza negra. Deportación a un árbitro -el mejor de África- sólo por ser somalí. Impedir que la selección iraní pueda dormir en territorio norteamericano (debieron viajar a México después de cada partido, violando abiertamente la igualdad de condiciones para la competencia).
Y para que quede clara la dependencia de la FIFA ante el poder del presidente yanqui, prohibió a los hinchas argentinos concurrir con banderas-camisetas-símboles que hicieran referencia a lo que dicen nuestros mapas oficiales, avalados por el Estado nacional: que LAS MALVINAS SON ARGENTINAS.
En otro acto de ridiculez cipaya, típico de un gobierno entreguista, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva -que bien podría haber hecho silencio ante la decisión de FIFA- salió a avalar la decisión, sosteniendo que el reclamo por Malvinas era un “discurso violento“.
¿Qué se podría esperar de un gobierno encabezado por quien afirma públicamente que admira a Margaret Tatcher. responsable confesa del hundimiento del Crucero General Belgrano?
Lo cierto es que la logística de FIFA se esforzó por cumplir esa norma.
A la hora de cantar los himnos, tronó “el que no salta es un inglés”, en el estadio de Atlanta, mientras los ingleses intentaban entonar “God save the queen”. Luego, la Selección Argentina dejó bien en claro su amor por la Patria, entonando el Himno Argentino con destacado fervor.
Se jugó el partido. Argentina se impuso a puro corazón y buen juego. Llegó el festejo con los hinchas… y apareció la bandera reivindicatoria, que terminó con las estupideces de la entidad mundial futbolera, y el mamarrachesco gobierno argentino.
El estandarte fue flameado por los jugadores triunfantes. Decía “Las Malvinas son argentinas”.
Claudio Serrentino
Foto: Noticias Argentinas



