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La especie tiene un vínculo con el territorio porteño, donde los primeros registros de esta variedad animal datan de 1917, en el barrio de Vélez Sarsfield, cuando parte de esa zona estaba formada por chacras y terrenos con zanjas. Un registro posterior de Killi, el último del que se tuvo constancia oficial, fue documentado en 1955.
A partir del reciente hallazgo por parte de la alumna de la Escuela Técnica n°8, el personal docente del centro contactó al equipo técnico del Vivero porteño y a la Killifish Foundation, entidad que aportó conocimiento especializado para reproducir los ejemplares.
Federico Colombo, docente de la Escuela, cuenta que la iniciativa dio lugar al proyecto titulado Cómo restituir el patrimonio natural de la Ciudad de Buenos Aires a través de humedales y biocorredores urbanos, que fue finalista del Premio Docentes de la Ciudad, el cual combina educación ambiental, investigación y recuperación de biodiversidad. El objetivo es que los estudiantes puedan conocer especies nativas en los ambientes donde se desarrollan. “Trabajar por proyectos, sacar a los chicos al campo y romper las paredes de la escuela hace que sea significativo; no es lo mismo verlo en un libro que en vivo”, resalta el profesor.
El siguiente paso será la reintroducción de los peces en los humedales de Lago Lugano, hábitat que conserva uno de los últimos vestigios de loa antiguos bañados de Flores, un ambiente vinculado al paisaje natural en el que históricamente se desarrolló la especie. El proceso será gradual para comprobar cómo se adaptan los ejemplares.
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