La crisis de la industria del calzado en Argentina tiene este martes una protesta particular en la Plaza de Mayo, que reúne a empresarios del sector y a obreros. Fabricantes regalan 1.000 pares de zapatos para visibilizar las dificultades que atraviesa el sector. La iniciativa, denominada “zapatazo solidario”, reclama medidas para sostener la producción nacional y preservar los puestos de trabajo.
Marcelo Ruggeri, referente de la Cámara de Comerciantes del Microcentro de Paraná, en declaraciones al móvil de Radio Costa Paraná (88.1), describió las dificultades de la industria argentina del calzado. Aunque no es fabricante, observa desde el comercio que “ingresan productos importados a precios más competitivos, con diseños atractivos y buenas terminaciones. Esto desplaza a la producción local, provoca cierres de fábricas —en especial pequeñas empresas familiares— y deja trabajadores sin empleo”, al tiempo que comparó la situación con la apertura importadora de los años noventa.
Según Ruggeri, producir en Argentina “resulta costoso por la carga impositiva, los servicios, los salarios, el transporte y otros gastos de funcionamiento”. A ello se suma la diferencia frente a productos fabricados en países donde los salarios y las condiciones laborales pueden ser mucho menores. La reducción de aranceles y las facilidades para importar “amplían esa brecha y dificultan competir a las fábricas nacionales”.
La calidad depende del segmento. En calzado de playa, explicó, “casi no hay fabricación local y los productos brasileños suelen ofrecer calidad, diseño y terminaciones iguales o superiores a los nacionales”. También ingresan marcas brasileñas que muchos consumidores reconocen sin saber su origen. En cambio, “el calzado argentino de cuero y de alta gama es muy bueno, y no enfrenta tanta competencia importada en ese nivel”.
En los segmentos medio y bajo, “los productos extranjeros también pueden ser buenos, además de convenientes en precio, lo que los vuelve especialmente competitivos”.
El problema alcanza asimismo al comercio minorista. “Comprar en plataformas o canales digitales puede resultar más barato, pero algunos vendedores pueden importar con menores costos y comercializar sin afrontar los impuestos, la facturación y los gastos que soporta un local formal. Por eso, los comercios físicos, en particular los del centro, no compiten en igualdad de condiciones”, observó Ruggeri.




