Una marea humana baila en esos lugares típicos brasileños, que algunos argentinos conocen muy bien. Gente -ahora- aliviada, que grita con una mezcla de bronca y alegría, por haber vencido al miedo.
El color que predomina es el rojo; el número, el 13 (código electoral del PT); el símbolo, una estrella de 5 puntas. El nombre que sintetiza la celebración lleva sólo 4 letras: LULA.
Ese hombre, que durante algunas etapas de su vida supo lo que es no tener ni esperanza, tuvo el temple necesario como para torcerle (otra vez) el brazo al poder. Y a la resignación.
El 4 de octubre pasado, cuando el actual presidente brasileño había perdido en primera vuelta, los grandes medios de comunicación se apresuraron a predecir el resultado del ballotage: “va a ser muy difícil para Lula, los otros partidos de centro y derecha sumaron 10 millones de votos. Seguro que esos votos irán para Bolsonaro”, afirmaban, descontando el triunfo del “hijo de”… Jair, el padre preso por atentar contra la democracia.
Lula tenía sólo tres semanas para conseguir los votos que le faltaban. Como tantas otras veces, estudió el panorama, se rodeó de la gente correcta, y consiguió lo que parecía imposible.
Un diputado lulista convocó a la militancia del PT a integrar “el grupo de whatsapp mais grande do mondo“… ¡Y lo logró! El innovador digital se llama André Janones, y estuvo en el escenario junto a Lula. Creó el grupo Exército do Lula, que sumó a más de 10 millones de integrantes.
Lula también logró movilizar a la ancianidad que él había beneficiado con sus políticas. Gente muy grande -más de 80 años- acompañada por sus hijos y/o nietos, quisieron reconocerle a ese hombre que los había sacado de la pobreza. Los videos que circulan por redes, donde se ve a esos viejos yendo a votar, con las últimas fuerzas que le quedan, son conmovedores. Lula les agradeció públicamente.
“Votamos a Lula para defender la democracia“, le decía un brasileño al pelado Trebuq, enviado especial de LN+, que transmitió en vivo la desazón, desde el fallido fan fest de los bolsonaristas.
Lo cierto es que en apenas tres semanas, Lula se las arregló para doblegar el acoso de Donald Trump, el boicot de los mil millonarios dueños de las redes sociales (Facebook le impidió hacer propaganda, y retocó los algoritmos en su contra), la desubicación constante de los Bolsonario (el candidato Flavio lo llamó “nueve dedos”), la falta de colectivos durante el día de la votación (es emocionante ver el video de la multitud bajando del ferry para ir a votar)…
Lula se los cargó a todos, y superó al Bolsonaro chico por casi 5 millones de votos.
Y es un alivio.
Desde este rinconcito de la Argentina oprimida por Milei, alegra ver que un Pueblo hermano reacciona y logra vencer la tentación del fascismo tecno.
Lo logró uno que, como volvió a decir anoche, “leyó muchos menos libros que sus competidores, le gané elecciones a señores muy instruídos” (aunque Flavio no sería el caso); un obrero que trabajó y luchó para que su familia no pase hambre, luego convertido en dirigente sindical, y más tarde, en candidato presidencial que perdió varias elecciones, pero ganó cuatro. Sacó a más de 35 millones de brasileños de la pobreza. Ahora va por crear una IA brasileña, y por lograr que los hijos de los obreros tengan las mismas oportunidades que los hijos de los patrones.
Con 80 jóvenes años, no sería extraño que vuelva a lograrlo.
Gracias por tu ejemplo, querido Luiz Inácio Lula da Silva!
Claudio Serrentino




